Lo escuchamos todo el tiempo: tenemos que salir de nuestra zona de confort. Como si fuera un lugar de tortura secreta, un espacio tramposo que mata nuestra iniciativa y nos impide tomar riesgos. Pero la realidad es que el éxito viene del fluir, del “flow”. Para tener dinero y prosperar, tenemos que estar cómodos. Así podemos acopiar mucha energía y entusiasmo para trabajar con intensidad. Lo podemos hacer si entramos en un espacio en donde se entiende que el valor es mucho más importante que el tiempo, en donde las ideas le ganan al esfuerzo y el entusiasmo al reloj.

Cuando estamos fluyendo, las relaciones con los demás son mucho más ricas, parecen darse con más facilidad, se crean dinámicas de sinergia, interesantes cruces de perspectivas y más oportunidades de negocio. Uno la pasa bien y recarga sus energías. ¿Por qué no podemos llamar a eso una zona de confort? ¿Por qué se transformó en una mala palabra?

La idea, entonces, no es salir de la zona de confort. Hay una orden oculta que parece asomar cuando nos dicen eso: dejá de estar cómodo. Como concepto, es voluntarista y supone que uno, para triunfar, necesita sufrir y resignar bienestar. Pasarla mal.

Más desafiante es entender que tenés que encontrar tu flow precisamente en tu zona de confort. La propuesta es que te quedes adentro de esa zona, que busques y recorras el camino en ese espacio en donde aparezca tu entusiasmo y tu conexión con tus dones. Sin dejar de estar cómodo, podés fluir. Entender esto es entender el juego, el tuyo y el de los demás.

Hay una zona de confort que es tremendamente productiva y placentera. Es cuestión de encontrarla, y todos tenemos acceso a ella. El éxito viene de la mano de la motivación, la iniciativa, la conexión con el talento y las relaciones con los otros. Es muy difícil que logremos esto si no es en un ámbito en donde estamos cómodos para poder desplegar al máximo nuestro potencial.

Rafael Beltrán

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