Lo que respalda una visión es la capacidad que tenemos de anticipar y generar lo que queremos concretar. Después, a medida que desarrollamos esta habilidad de imaginar nuestras metas y expectativas, vamos aspirando a cosas más grandes.

Para lograr lo que nos proponemos, la consistencia y la gradualidad en los pasos son esenciales. Si imaginamos algo demasiado grande, sin las metas intermedias que son necesarias para alcanzarlo, vamos a frustrarnos. Las expectativas poco saludables son las que generan demandas relacionadas con cosas negativas, como ambiciones desordenadas o excesivas. Si en cambio nos enfocamos paso a paso, vamos construyendo un camino realista que nos va a llevar a nuestro objetivo con una actitud mucho más positiva.

Las expectativas sanas nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos y generan admiración y respeto en los demás. Los que tienen grandes expectativas, grandes sueños y esperan grandes cosas, tienen un espíritu de magnanimidad.  

 Expectativas y realidad: la visualización

Constantemente nos enfrentamos a la lucha entre la realidad y nuestras expectativas. Existe la realidad futura y la presente, y acá es donde hay una resistencia porque la realidad actual no quiere dejar de ser lo que es para convertirse en visión, es decir, realidad futura. Sin embargo, tenemos la fuerza necesaria para superar esta resistencia y dejar que la realidad imaginada aparezca por encima de la realidad actual.

 La persona que no tiene expectativas termina por adaptarse a su realidad viviente. Quien no vive como piensa, termina pensando en cómo vive. Esto significa que cuando alguien deja de visualizar, la tendencia natural es que las expectativas se ajusten a su realidad. En este sentido, quien nació en un lugar humilde va a imaginar mudarse a un lugar mejor. Por supuesto, el cambio requiere energía, motivación y confianza para trascender la propia situación.

En realidad, todos estamos hechos de una visión que tuvimos en lo profundo de nosotros en el pasado, esto significa que donde estamos hoy es donde nos imaginamos ayer. Por eso, no es coincidencia que hoy estemos donde estamos. Teníamos una realidad, éramos los protagonistas de crearla y de imaginar un futuro. Basados en eso, construimos en el pasado, de manera inconsciente, el futuro, que es nuestro presente.

Control de las expectativas 

La relación entre las personas y sus expectativas puede ser de desconexión y rareza o de cercanía y participación. Con la segunda opción nos convertimos en protagonistas. Pero a veces, el deseo o la expectativa se confunden con el capricho. Si hay vanidad y un deseo de dominio y de control sobre el objeto de deseo, es un indicador de que hay más un capricho que otra cosa. En este caso, si el control no es total, hay enojo y frustración. Lo ideal es encontrar el punto medio, entendiendo que tenemos el poder de tomar control sobre nuestras vidas pero sin llegar al punto caprichoso y poco realista de querer controlar absolutamente todas las variables.

Cuanto menor sea el umbral de éxito y de fracaso, más poderosa y realista va a ser el pronóstico que hagamos. El que fluctúa en un umbral más expandido depende más del azar y no tiene tanto control sobre lo que hace.

Rafael Beltrán

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