Hay jugadores que tienen una técnica impecable. Pueden gambetear, hacer un pase inteligente, anticiparse a la defensa y pararse en el lugar justo de la cancha para hacer el gol.  Hay otros jugadores, en cambio, que van un poco más allá.  Son esos que, además de tener un excelente manejo técnico, paran la pelota. Levantan la cabeza. Arman el juego. Miran a los costados, ven y anticipan lo que está haciendo el otro equipo y se mueven buscando el espacio libre para filtrarse en el área. Son dos perfiles: el táctico y el estratégico. 

El táctico es el que agarra la pelota  a la mitad de la cancha y corre a toda velocidad para el área. El estratégico se ubica dentro de un sistema de juego. Busca el pase, puede jugar para atrás y cuando tiene el camino despejado, hace la corrida explosiva para buscar el gol. Hay una diferencia entre correr en línea recta durante todo el partido y hacer un cambio de ritmo ¿Cómo juega Messi?

Si llevamos esto al ámbito del trabajo, podemos diferenciar dos perfiles: el que simplemente hace las cosas bien…y el que busca satisfacer las necesidades del cliente. El que sólo obedece, y el que le da un valor agregado a lo que hace para superar las expectativas del otro. El que se contenta con cumplir con sus obligaciones diarias seguramente llegue a una meseta en su evolución, un impasse que puede terminar en una caída. En cambio, el que toma plena responsabilidad por su trabajo y se da cuenta de que, cuanta más cabeza pone y más se esfuerza por evolucionar, mejor es el rendimiento, borra la meseta del gráfico y dibuja una flecha ascendente de un crecimiento sostenido.

Es común que el táctico trabaje solo, aislado. Como cree que lo que hace es “correcto”, no lo cuestiona y no busca cambiarlo. El riesgo de esto es que, si no hay cambios, nada cambia. Y si nada cambia, no hay crecimiento. El estratégico es consciente del enorme valor que tiene la sinergia. Sabe que la magia de un solo jugador no hace ganar el partido. Es en el contacto con el otro, en el intercambio de ideas y en el cruce de perspectivas en donde el crecimiento puede explotar.

Es probable que el táctico, para relajarse, elija actividades explosivas y físicas que lo ayuden a liberarse de la ansiedad y del estado de apuro en el que suele estar. La adrenalina. Un perfil más estratégico, en cambio, no se relaja con la descarga sino más bien con actividades expansivas como el yoga, la meditación y la respiración.

Parar. Reflexionar. Armar una estrategia. Validar esa estrategia en el día a día. Ponerla en diálogo con otras personas. Investigar. Buscar nuevas maneras de hacer las cosas. Poner en jaque las propias ideas si vemos que no funcionan más. Todas estas son actitudes de un perfil estratégico que es más completo y preparado para mantener un crecimiento sustentable. Por supuesto, las habilidades estratégicas se pueden aprender y perfeccionar, y el dejarse ayudar y asesorar es el primer gran paso para hacerlo.

Rafael Beltrán

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