Los socios deciden emprender un proyecto juntos para crear su propia empresa, para desplegar y potenciar sus ideas sin restricciones, para que nadie les diga lo que tienen que hacer.

Para ésto abren un espacio adonde se hacen cargo de su libertad y dejan atrás la seguridad de una empresa o de un jefe que los protege. La idea es dar rienda suelta al propio impulso, sin tener darle explicaciones a nadie.

¿Pero qué pasa si en un momento ese vínculo que fluía, respetando la libertad de cada uno, deja de fluir? ¿Qué pasa si uno se siente cuestionado, controlado, exigido y presionado dentro de su propia empresa por su socio?

Definitivamente hay algo que no va bien. De repente, estamos en el peor de los mundos: mi socio se convirtió en alguien peor que mi ex jefe. Es una pesadilla porque uno asume todos los riesgos pero pierde la libertad al estar al arbítrio del humor del otro. Los beneficios que tanto se buscaron en el trabajo independiente se derrumban y no se sabe qué hacer.

Como es de esperar, esta situación no sólo afecta a los socios sino fundamentalmente al negocio, que es el primer damnificado cuando la relación de los socios sufre. Igualmente el negocio y su rentabilidad es el primer beneficiado cuando los socios fluyen.

DESPEGARSE DE LA RELACIÓN DE DEPENDENCIA

Si el socio viene de una relación de dependencia y está acostumbrado a dar y a recibir directivas unilaterales, o viene de un lugar adonde era el único dueño y tomaba todas las decisiones, no va a ser fácil tener una dinámica sinérgica con el nuevo socio cuando pase el entusiasmo inicial. Es necesario rever las formas anteriores de trabajo para formular una nueva dinámica. 

La relación de dependencia tiene vicios propios de los que es difícil salir. Lleva a un pensamiento estructurado, atravesado por la opinión de los demás y sumergido en la inercia de recibir. Los premios no se esperan por el valor agregado propio, sino por el “cumplir”. No se mira lo que hace uno mismo más allá de lo que hagan los demás. Se genera un espacio de comparación constante para ver qué es lo que “corresponde” para no desentonar.

Cuando la relación entre socios se empieza a deteriorar por falta de comunicación, es probable que se busquen razones para volver a la relación de dependencia y la falsa sensación de seguridad que da. Volver a una relación de dependencia después de ser empresario es muy difícil porque se toma más consciencia de la pérdida de libertad.

RETOMANDO EL SUEÑO COMPARTIDO: LA COMUNICACIÓN

Antes de empezar la sociedad, los socios tienen que reflexionar sobre estos temas para poder armar un proyecto consistente. Una relación de valor inteligente se logra con una excelente capacidad de comunicación que garantice el despliegue individual y la autonomía de cada uno. Entonces, con libertad,  los dos socios pueden explorar el negocio como si fueran el único dueño, y así la motivación se potencia.

Si hay comunicación, hay un sistema fuerte y una máquina motorizada por la energía de todos en donde no hay engranajes aislados. Si éste no es el caso, alguno de los socios va a empezar a sentir que está de vuelta en una relación de dependencia, asfixiante, en donde los otros socios son sus jefes a los que se les tiene que pedir permiso.

Por eso, cada socio es responsable de garantizar por todos los medios que su otro socio se se sienta libre, que siga pensando que vale la pena emprender. Puede pasar que el vínculo se haya deteriorado tanto que es difícil retomar la energía inicial de la relación; en ese caso, conviene buscar ayuda con un profesional especialista y evitar asfixiar al otro.

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