Si hay un tema simple y complejo al mismo tiempo, que nos desafía al máximo en nuestra capacidad de pensar juntos como sociedad, ese es el tema del aborto. Si nos conectamos a través de las emociones y los valores profundos que hay en juego en vez de engancharnos en la violencia de los argumentos, podemos debatir de una manera más sana, entendiéndonos mutuamente y sintiendo lo que siente el otro, más allá de la postura que tengamos.

La situación de la mujer con un embarazo no deseado, haya decido o no lo que va a hacer, siempre va a ser un tema difícil. Pero, ¿qué hacemos con los problemas difíciles?, ¿los negamos, los anulamos, hacemos de cuenta que son simples y lo solucionamos con un simplismo fatal?

¿Qué hacemos frente a esta situación como personas y como sociedad?

¿Cómo enfrentamos y resolvemos los problemas difíciles que nos presenta la vida? Qué problemas tenemos y como los resolvemos nos definen.

Entendamos la situación problemática de la que partimos. Una mujer, mayor o menor de edad, de manera involuntaria, ya sea porque no guardó los recaudos del caso o porque fue forzada, queda, sin quererlo, embarazada. Sin dudas esto da vuelta su mundo y el tipo de vida que llevaba hasta ese momento.

Estoy dentro del grupo de los que piensan que hay vida desde la concepción. Y, como dije antes, entiendo que estamos frente a un hecho traumático, desconcertante e inesperado. El dolor de esa mamá es único e intransferible y no se le puede dar la espalda aunque se siga defendiendo la vida. Respeto de corazón a esa mujer, mas allá de lo que decida. No está en una situación fácil, y nadie, por más convicciones que tenga, puede juzgar ese dolor sin sensibilizarse con una situación que la sobrepasa.

Teniendo en cuenta esta situación abrumadora, creo que, más allá de cómo se originó, hay una vida que inició su recorrido y que podría hacer el siguiente reclamo: “estoy vivo y, como quiera que haya sucedido, merezco ser cuidado”.

Entiendo que lo difícil para quienes están a favor de la legalización del aborto es en no poder definir en qué momento empieza la vida humana. Considero que con este argumento, se tiende a apagar la conciencia. Declarar que en algún momento del embarazo deja de ser una persona es el apagado masivo de la conciencia de una sociedad que no se hace cargo ni responsable de sus problemas complejos.

Estoy seguro de que la mujer que aborta lo hace convencida de que no está actuando mal, su conciencia no la acusa y, desde ese lugar, no estaría actuando de manera inmoral. Entonces la cuestión de la despenalización se presenta como un tema muy complejo. Pienso que ni una mujer que aborta ni el médico deben ir presos, porque en su conciencia no están actuando mal, mas allá de que, desde mi conciencia, sí lo estén haciendo.

¿Qué lugar le damos al saber, que es, en definitiva lo que alimenta la conciencia?

¿Somos responsables de ser rigurosos con la información que manejamos, sobre todo con un tema tan sensible como el inicio de la vida humana?

Podemos cuestionar la culpabilidad de alguien que no transgrede su conciencia. ¿Pero qué lugar le damos al saber, que es, en definitiva lo que alimenta la conciencia? Somos responsables de ser rigurosos con la información que manejamos, sobre todo con un tema tan sensible como el inicio de la vida humana. La mayor parte de la biblioteca científica nos dice que la vida empieza en el momento de la concepción. Otros dicen que, en realidad, es más adelante ¿Semana 7, 10 o 14?, ¿es un detalle menor?, ¿qué postura tomamos frente a este dilema? Cómo manejamos la información que recibimos afecta directamente nuestra conciencia. Repito, entonces, que nos cabe la responsabilidad absoluta de ser rigurosos en el análisis de lo que sabemos o deberíamos haber sabido antes de tomar cualquier decisión. ¿Te sentís comprometido/da con esa rigurosidad?

Pensemos lo siguiente: hoy en día, analizando la célula de un pelo humano podemos reconocer la identidad una persona. Trasladando esto al debate, podemos decir que en el embrión ya están los cromosomas que van a desplegar una identidad única. Para mí, entonces, la unidad vital es el embrión, esa primera célula fecundada que es el resultado de la fusión de las células sexuales masculinas y femeninas.

Me animo a ir un poco más lejos y a plantear un pensamiento un poco más filosófico:¿quién acaso está “formado”?, ¿quién estaría “terminado”? En algún lugar, ¿no somos todos amorfos?, ¿cada uno de nosotros somos nuestra última versión? Tu versión actual no es la última de tu vida, pero sí sabemos cuál fue la primera: la que se generó cuando se formó tu embrión.

No dudo de que todos queremos los mismos derechos. En ese sentido, también planteo los mismos derechos para las personas deseadas o no al momento de ser engendradas. Entonces, cuando hablamos de los derechos de la mujer de disponer libremente sobre su propio cuerpo, difícilmente pueda ponerlos por arriba de los de un indefenso. La mujer es libre de hacer con su cuerpo muchas cosas, sí, pero considero que no puede disponer de la vida de otro como quiere, aunque esté, por la razón que sea, adentro suyo. Acá es cuando planteo que estamos frente a un tema de valores: en mi caso, pongo el valor de la vida sobre el valor del cuerpo.

¿Que en la mayoría de los países hay aborto? Es un punto que no me inquieta tanto. Muchas veces el progresismo de izquierda se da la mano con el pragmatismo liberal y juntos callan la conciencia moral y llevan a un simplismo fatal. Los ideólogos del aborto podrían hacernos acordar a personas que en la historia de la humanidad, lamentablemente, resolvieron problemas de la manera más atroz.

¿Alguna vez pensaste en querer matar al chico que lloraba sin parar al lado tuyo? Te molestaba pero sabías que no ibas a hacerlo. Esta es la parte en la que llevo el debate a un extremo para fastidiar un poco y así hacernos pensar sobre el tema desde otro lado. Para quienes creemos que hay vida desde la concepción, el aborto equivale a matar a cualquier otro que nos representa alguna molestia. Pueden ser niños que lloran, personas mayores, que están enfermas, que son improductivas o que son un gasto, por ejemplo. Suena duro, pero estoy seguro de que, en algún punto, entienden lo que estoy diciendo.

Muchos dirán que estamos frente a un problema de salud púbica y que deberíamos sensibilizarnos por el hecho de que igual se hace, porque el aborto es una realidad. Con esta postura, en verdad estaríamos simplemente formalizando un problema que no dejaría de serlo. Como dije, estamos frente a una situación dificilísima a la que nadie quisiera llegar. Pero está claro que nada que consideramos erróneo va a dejar de serlo por el hecho de que ocurra.

El daño psicológico de la madre es un argumento que escuchamos en este debate. No lo comparto porque para mí ese daño es anecdótico si lo comparamos con el daño de la criatura que no es, ni más ni menos, que su muerte. En todo caso, hablaría de un daño espiritual porque, eventualmente, los daños traumáticos psicológicamente se puede reparar.

Ahora sí, no excluyo de este análisis la terrible experiencia que significa un aborto hecho de manera clandestina. Es un sufrimiento atroz en donde la madre pone también en riesgo su propia vida. Una situación terriblemente dolorosa ante la cual no puedo más que solidarizarme. No juzgo y menos condeno el haber tenido que recorrer ese camino oscuro. Yo también me equivoco y en la desesperación muchas veces recurrí a soluciones que no han sido las mejores.

Tenemos una nueva vida que es mucho más sagrada que un problema

El denominador común de todo esto es que tenemos una nueva vida que es mucho más sagrada que un problema, y es tan fuerte, que en la gran mayoría de los casos, quienes asumieron con valentía la decisión de abortar, se arrepienten. No todos los que abortan se arrepienten, pero muchos sí lo hacen. En cambio, ninguno de los que no abortan se arrepienten.

Defender la interrupción voluntaria del embarazo, el enfoque pro choice norteamericano, se basa en la subjetividad y la voluntad de la madre y su derecho a elegir. Usualmente, esta postura es la que tienen aquellos que se definen de izquierda, en general más sensibles. Los que se paran del otro lado del esquema político, pro life (pueden leer lo que pienso sobre la grieta en este artículo) apuntan a la naturaleza objetiva de las cosas, son más racionales, y es esperable que pongan el énfasis en preguntarse si la vida que está en juego existe o no.

Repetir el eslogan “Salvar Las Dos Vidas” diluye el tema y saca el foco de lo importante: la prioridad del hijo

No estoy de acuerdo con el eslogan, muy repetido, de salvar las dos vidas, porque lo que está en juego, para mí, es la vida del hijo por sobre la madre. No podría ponerlos en pie de igualdad porque priorizo la vida del niño que es indefenso en esta situación. Toda madre dice que daría la vida por su hijo. Ella misma comparte esta priorización, entonces me parece que repetir este eslogan diluye el tema y saca el foco de lo importante.

Ahora, lo extraño es que un presidente que dice no ser abortista ponga el tema del aborto sobre la mesa. Habría que felicitarlo por democrático, pero la verdad es que suena más a oportunismo político que otra cosa, y eso que cuenta con mi voto. O a lo mejor quiso dejar claro que la consistencia de sus convicciones respecto al aborto son un reflejo de la consistencia de sus convicciones para resolver los problemas económicos. Igual, mi corazón está con María Eugenia Vidal, que desde siempre asumió el costo de sus convicciones y siempre mantuvo clara su postura esquivando cualquier tipo de especulación demagógica.

Espero no haber ofendido a nadie. A todos mis queridos amigos que están a favor del aborto, mi abrazo más fuerte. Un buen debate despliega los grises, busca ampliar y no cerrar el diálogo y, al final del día, nos reúne a todos en un mismo lugar: al lado de los principios de la democracia y de la ley.

Tu opinión nos interesa.
rafabeltran@me.com

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r.r.

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