Si no tenés tu Sistema serás parte del de Otro

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Si no creamos nuestro sistema, terminamos siendo parte del sistema de otro. Te propongo que reflexiones sobre cuál es TU sistema y cuáles son sus características.

Porque todos, nos guste o no, tenemos un sistema. Estas son las 11 leyes que lo definen:

  1. Si no creamos nuestro propio sistema, vamos a terminar siendo parte del engranaje del sistema de otro. Dicho de otro modo: si seguimos los estándares de otros, perdemos creatividad y libertad. Al no generar propuestas propias, activamos el piloto automático y seguimos las instrucciones de otro, a quien le damos el mando de nuestro destino. Cada sistema tiene su propia identidad, basada en la fuerza y la inteligencia de sus reglas, y lo que funciona para los demás no siempre funciona para uno. Estemos atentos y detectemos nuestras ideas y convicciones: son el corazón de nuestro sistema, sus pilares, que deben sostenerse y defenderse, porque son más fuertes que cualquier contexto.
  2. Todos, nos guste o no, tenemos un sistema. Si somos conscientes de cómo funciona, podemos hacer que sea estratégico, fuerte y eficiente. Sino, va a ser improvisado y con resultados mediocres. Entonces, es recomendable que tratemos de entender las características de nuestro sistema para poder ajustarlo y potenciarlo.
  3. No gana el sujeto, el que gana es su sistema. Si miramos para atrás, la mayoría de nuestros logros fueron construidos a base de un sistema, no fueron “golpes de azar”. Si te apasionás por el sistema más que por los resultados, cuando éstos lleguen van a ser sustentables, no tengas dudas. Los sistemas resuelven la mayoría de las decisiones y de los problemas a los que nos enfrentamos. Te invito a que reflexiones. ¿Cuál es tu sistema?
  4. Las personas dependen de los sistemas y no al revés. Crecer supone mejorar los sistemas. Desde un punto de vista social/laboral, damos lo mejor de nosotros si nos sentimos parte de un sistema fuerte y estable.
  5. La comunicación es fundamental y le da dinamismo al sistema. La democracia, por ejemplo, es el sistema político que mejor funciona porque consigue que los miembros de la sociedad se comuniquen y busquen el consenso. La claridad dentro de un sistema le permite a cada uno saber si está adentro o afuera.
  6. Un sistema que funciona bien atrae a aquellos que suman y los que restan se auto-excluyen. En un sistema fuerte todos saben lo que tienen que hacer: las reglas, los deberes, los derechos, las responsabilidades y los roles de cada uno. El sistema da previsibilidad y tranquilidad a sus integrantes, garantiza que, si se cumplen un grupo de reglas, está garantizado un funcionamiento mínimo. Un sistema desarrolla un plan creativo, fuerte y estable, que estandariza las decisiones y descarta las fuentes de estrés.
  7. Los sistemas sólidos se construyen y se defienden para el largo plazo, a partir de reglas, protocolos y estándares que son la prioridad, más allá del dinero o los resultados. Son procedimientos que fueron internalizados y funcionan como una virtud. Hablamos de ciertas reglas básicas, de oro, permanentes, que no admiten excepciones y funcionan como guías. Son dos o tres pautas originales, probadas y reconocidas, que garantizan resultados.
  8. La clave del éxito y del alto rendimiento no es la originalidad de las nuevas prácticas, sino la perseverancia de las básicas. Las transacciones aisladas son pocas. Si la regla es la excepción entonces el sistema es mínimo. Eso sí: no nos olvidemos de que nuestro objetivo es lograr resultados al menor costo posible. Entonces, si la regla no nos está ayudando, cambiémosla. ¿Qué pasa con la intuición? Está permitida siempre que considere las mejores prácticas.
  9. La flexibilidad de un sistema determina su dinamismo y su capacidad para detectar y optimizar oportunidades. Si el sistema es flexible, puede entender los cambios del contexto y adaptarse a él. En este sentido, tener un sistema garantiza que, si ingresa una nueva variable que no contemplamos (y sabemos que esto, tarde o temprano, puede pasar) vamos a poder manejarla sin interrumpir el funcionamiento del sistema. Si hay rigidez, nos paralizamos y quedamos atrapados y estancados en el contexto presente que nos esclaviza, con sus circunstancias actuales, reales, concretas, necesarias y de orígenes impredecibles. Entonces, ¿qué pasa si nuestro sistema se vuele inflexible? El ambiente toma el control y nubla nuestra visión a largo plazo. El flujo de energía se corta y nuestros pensamientos y acciones se limitan.
  10. El miedo surge frente a la falta de un sistema con reglas que permiten la anticipación. Si carecemos de esto, todas las situaciones se tiñen de una incertidumbre que nos vuelve ansiosos, temerosos e inestables. El sistema nos da seguridad.
  11. Un sistema está bien logrado cuando lo disfrutamos.

Rafael Beltrán

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