La concentración la podemos definir como el estado en que la estrategia prevalece por sobre los resultados.

Pase lo que pase, salga el golpe como salga, voy a persistir en mi estrategia, durante todo el partido, no importa lo que vaya pasando.

Si las cosas no salieron ya van a salir, pero no cambiemos de estrategia en el medio del partido. Nos construimos como jugadores dándole forma a la estrategia, no por lo que pase en este golpe o no.

El primer resultado es defender y estabilizar la estrategia. Si por modificar un golpe, modificas tu estrategia, tu juego será cada vez más complejo e indomable, y por lo tanto inestable.

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Si después del golpe, nos torturamos diciendo, debí hacer esto o este otro, y por qué no hice tal cosa u otra, vamos a dar permanentes cambios de timón a la estrategia de golpe que habíamos planteado antes de jugar.

Eventualmente, hay que moderar los cambios, con pensamientos del tipo… “un poquito más de esto, o de esto otro”, pero no hacer cambios de 180 grados.

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El trabajo técnico se hizo en la práctica, solos o con el coach, en ese momento pensamos y corregimos todo lo que hay que hacer, pero a la hora de golpear en el precalentamiento y en la competencia toca confiar que el trabajo que hiciste está bien hecho, y que ahora en el golpe, no es momento de pensar.

Si el trabajo todavía no se ve reflejado en el resultado del golpe, tranquilos, paciencia, lo importante es que al momento de golpear no se disparen miles de pensamientos para corregir. Todo lo que se tenía que pensar ya se pensó, ahora a jugar!!!!

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Lo repetitivo, lo rutinario, lo estable, lo monótono, por naturaleza nos parece aburrido, pero es la esencia de la simpleza, lo automático del golpe, que es lo que le da estabilidad.

Muchas veces caemos en la tentación intelectual de superarnos mas y  mas, innovar, crear cosas nuevas, y nos olvidamos que eso puede terminar en una modificación permanente del propio juego.

Si el aprendizaje es sólo modificación y más modificación, nos enseña cualquier cosa menos la simpleza y la estabilidad que estamos buscando. La vocación de mejora no debe olvidarse de no atentar contra la simpleza.

En el tiro al blanco, el arma es 100% automática, siempre hace lo mismo, y la variable está en la puntería del tirador. En el golf, se es el tirador y el arma al mismo tiempo, por eso el desafío es convertir al golpe en lo más automático, repetitivo y estable posible, para que la única variable que entre en juego sea el apuntar al hoyo o al objetivo que sea.

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En la práctica el foco está en la expectativa del movimiento del cuerpo, en lo que hacemos, en como lo hacemos, con más intensidad que el resultado, pero en la competencia, la mente invierte ese foco y se centra en la expectativa del resultado.

Es imperceptible pero ese desbalance lleva que el gap entre práctica y competencia se agrande generándonos más problemas.

El objetivo es que la competencia se parezca más a la práctica que la inversa. Es decir que en la competencia, más allá del trabajo mental de conexión con el objetivo,  el foco esté en la sensación del movimiento del golpe.

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Necesitamos un juego simple para que toda la energía mental esté enfocada al convencimiento de que la pelota va a ir adonde imaginamos que va a ir, y después del golpe a procesar rápido el gap entre lo imaginado y lo real, y volver a empezar

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