¿Si aguanto en mi trabajo, estoy luchando?

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En el trabajo tenemos desafíos todo el tiempo: resolver problemas, muchas veces en tiempo real, cumplir objetivos o construir proyectos que nos interesan. Frente a esto, podés tener una actitud activa de lucha o pasiva de aguantar y resistir.

Por supuesto que están relacionadas porque en toda lucha hay que esperar y en el aguantar también se juega una lucha para cambiar algo. Pero igual hay una tendencia a priorizar una sobre la otra y eso impacta en tu rendimiento laboral o de negocios. Podés esperar un 80 por ciento y luchar sólo un 20 por ciento, o podés luchar activamente un 90 por ciento y aguantar sólo un 10 por ciento, o en el extremo, estar aguantando todo el tiempo.

Aguantar y luchar son parte del negocio y están bien. El que aguanta también persevera y esa virtud es muy valiosa. Ahora, es aconsejable que tu perseverancia esté mas basada en tu lucha activa que en tu aguantar pasivo para que potencies tu rendimiento.

¿INTENTA EL QUE AGUANTA?

Si creemos que, cuando estamos aguantando pasivamente, estamos luchando o “intentándolo” , no es tan así. Por ejemplo, podés seguir trabajando durante años con un sueldo que no te motiva o tomar la iniciativa para negociar un sueldo mejor. Si te quedaste sólo con las ganas, tu salario no va a cambiar. Si simplemente aguantamos, nos quedamos en el mundo de las ideas, que por lo general tienen el color de la queja, no ejecutamos o no asumimos la responsabilidad de construir algo. Nos quejamos en silencio. Podemos “cumplir” con las tareas o buscar aportar un valor agregado que marque una diferencia. Hay una sensación de paz interior y de dignidad cuando sabemos que, aunque no lo logramos del todo, lo intentamos activamente.

El que aguanta, aunque no sea consciente, actúa con una estrategia de victimización y espera que el otro sea el que tome la iniciativa y y nos traiga los beneficios. Pero podemos cambiar y hacer que nuestra estrategia nos lleve a la acción. 

CAPITALIZAR EL BALANCE ENTRE EL AGUANTE Y LA ESPERA

Si nuestra tendencia es más pasiva, podemos transformarla a nuestro favor y desarrollar la capacidad de esperar activamente, en donde, ni bien tenés la posibilidad de entrar en acción, la tomás y luchás. Estás en guardia pero detectás cuándo podés dar el golpe. Si tenés problemas con tu socio, por ejemplo, buscá el momento ideal para comunicarte con él y hacelo. No esperés que sea el otro el que siempre se activa porque así la espera se vuelve estéril y vas a quedarte esperando que pase lo que no estás dispuesto a construir por tu propia cuenta.

En el trabajo podemos convertirnos en “La Hormiga Trabajadora” que se vuelve dependiente de la iniciativa el otro y solo obedece. También en una negociación podemos entrar en una dinámica más unilateral de esperar que en un dialogo activo que construya algo que beneficie a todas las partes. Date la posibilidad de cambiar, que tu espera sea activa, o pasiva, vas a ver que al reconocer este comportamiento de manera natural vas a empezar a luchar a alcanzar aquellas cosas que querés.

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