Cuando te encontrás frente a un problema que te resulta muy difícil de resolver, hay un dato seguro: estás encarándolo solo. Aunque te sientas acompañado en tu vida o hayas comentado lo que te pasa con alguien en algún momento, es muy probable que detrás del problema que te está molestando haya un componente de soledad. En algún aspecto, en algún lugar, te estás cortando solo. Puede ser consciente o no. Quizás toque algún punto delicado que resulta doloroso o molesto de enfrentar, y entonces uno elige la evasión.

Lo que pasa con este aislamiento es que termina perjudicándonos en un nivel profundo. Primero, porque en lo inmediato no tenemos ni la visión ni la motivación para resolver el tema que nos compromete en el ahora. Y segundo, porque estamos hipotecando nuestro crecimiento. Administrar nuestros problemas es administrar nuestro desarrollo. Un problema resuelto es un logro alcanzado, y esas metas que vamos conquistando en la vida son las que nos hacen crecer y mejorar nuestro rendimiento, tanto personal como laboral. Todo problema supone un cambio, y el cambio es crecimiento.

La sinergia

Frente a esto, el paso más inteligente es salir de esa zona de soledad e ir en busca de alguien para resolver el problema. En otras palabras, construir sinergia. Es una actitud de apertura honesta en donde buscamos activamente a un otro para que nos ayude a ver el tema desde otra perspectiva. No es un intercambio unidireccional, sino un vínculo de a dos en donde ambas partes hacen su aporte para llegar a una idea superadora. Es una apuesta a la confianza y una guerra explícita contra el miedo que a veces nos lleva a mirar para otro lado. A veces, no es el mejor amigo o un familiar quien esté mejor posicionado para asesorarnos y eso tenemos que evaluarlo con seriedad y honestidad: ¿con quién puedo hacer sinergia para resolver este problema?

La responsabilidad

Es frecuente escuchar la idea de que, si generaste el problema, tenés la responsabilidad de resolverlo. Pero es un enfoque y una estrategia un poco tramposas porque es muy difícil que quien generó el problema pueda resolverlo. Si yo mismo lo generé, mi solución va a agravar el problema. Si mi propia cabeza lo causó, entonces es poco probable que esa misma cabeza encuentre la respuesta. Es como estar manejando solo, meterse en un médano y acelerar. Te enterrás más.

Rafael Beltrán

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