Las estadísticas en este tema son un poco duras, pero es bueno saber que las sociedades formadas por amigos exitosas son la excepción. Más del 90 % de estas sociedades terminan sin el proyecto y sin la amistad. Pero la buena noticia es que podemos evitar esto si entendemos algunas cuestiones, porque las sociedades entre amigos tienen características únicas que entendidas se pueden manejar.

La lógica de la amistad es distinta de la lógica de la sociedad

Lo bueno de una amistad es que está libre de intereses y de conveniencias. Soportamos, contenemos y comprendemos los defectos de nuestros amigos sin que se haya intereses económicos de por medio, en un marco de afecto y libertad. 

Ahora, cuando se trata de una sociedad, las decisiones de tus amigos sí afectan tus intereses. El dinero cumple una función central, cosa que no pasa entre amigos, y es aconsejable entender esto para no salir lastimados emocional y económicamente. La lógica de los socios se basa en el aporte mutuo, recíproco y responsable de valor. Ese es el foco y la prioridad. El vínculo societario está por arriba de la amistad. El error más común es pensar que es al revés. Si no tomamos consciencia de esto, las necesidades y el instinto de auto-protección van a imponerse, de la peor manera, sobre la amistad.

Reglas claras conservan la amistad

Las relaciones entre socios son difíciles. Si elegís asociarte con un amigo, se complica todavía más. Paso uno: las reglas claras, grabadas a fuego y de entrada. Los intereses de tu socio afectan directamente a los tuyos y es aconsejable entender bien los roles, las tareas y los objetivos del negocio. Al principio puede parecer fácil ser socio de un amigo. Pero con el tiempo aparecen problemas muy duros que podrían haberse evitado si se hubiera prestado atención y cuidado en las primeras etapas.

Si cada socio ya tenía su propia empresa, lo recomendable es que las mantengan al margen de la nueva sociedad y no comprometan sus otros intereses. Es preferible que el proyecto en conjunto sea autónomo y no esté subsidiado por otro negocio. 

Creer que la amistad es la que va a salvaguardar las diferencias es una fantasía que termina siendo muy costosa. Entre dos amigos que trabajan juntos, las diferencias duelen más. Es probable que empieces a conocer aspectos que no conocías del otro y que ciertas cosas que antes aceptabas, ahora te resulten insoportables. Los costos emocionales afectan directamente los intereses económicos del negocios.

Las separaciones son más difíciles

Las peleas entre socios son más duras porque el lazo afectivo plantea la ambivalencia de querer y no querer separarse, situación que es muy difícil de resolver y que  potencia el conflicto. La tensión iguala o sobrepasa a la de los peores divorcios.  

Por todo estos riesgos, no recomiendo hacer sociedades con amigos, sino hacerse amigos de los socios. Sin embargo, por supuesto, siempre apoyo a quienes apuestan por llevar adelante un proyecto con un amigo, siempre y cuando sepan a qué se enfrentan.

Así que si vas a iniciar una empresa con un amigo, te aconsejo que charlen primero de como van a manejar las diferencias, de cual va a ser el protocolo que se va a activar para resolverlas, y que sean conscientes de que puede estar en riesgo la amistad. Estén preparados, piensen en lo que está en juego y pongan reglas claras lo antes posible. Con esto en mente, pueden poner primera para transitar el camino juntos tranquilos  y todo marchara sobre ruedas.

 

 

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r.j

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