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Las ideas, los pensamientos, las emociones y las acciones pueden llegar a un techo. En ese punto, lo que vos pensás que funciona, perdió un horizonte de crecimiento. Es como si tu sistema de pensamiento hubiera llegado a un techo que no lo podés romper. Ahí, sentís que quedás atrapado porque te impide avanzar a otro nivel.

Llegar al techo es un estado emocional negado, un estado de ansiedad. Es estar convencido de algo y que esas convicciones que tenemos no funcionen. Entonces, la ansiedad, la desmotivación, la parálisis, el bloqueo, la confusión, conviven con esas convicciones de las que estás tan seguro. Podés seguir discutiendo con los demás sobre esas convicciones aunque sepas que no están funcionando.

En ese estado, uno muchas veces siente que tiene que dar un manotazo de ahogado, que tiene que huir hacia algún lugar. Puede ser que trates de hacer algo que, en lugar de ser meditado, lo hagas como una reacción desesperada.

Si llego a mi techo, ¿qué puedo hacer para pasar a otro nivel?

Es muy importante que puedas detectar cuándo llegaste a ese techo. Cuando llegás a ese techo, tenés que hacer como los animales en el polo, que rompen el hielo para salir a la superficie. Hay que romper una estructura, romper un paradigma para pasar al próximo nivel. Esto no es fácil, porque supone una gran capacidad de cambio.

El cambio de paradigma es muy duro, porque implica encontrarse con cosas que uno no conoce. Este cambio supone una nueva perspectiva, una nueva mirada, unas nuevas convicciones, una lectura diferente de la que venís haciendo hasta ahora.

Seguramente llegaste hasta donde llegaste con tu propio sistema, que lo conocés y lo manejás. Pero este sistema ya no te permite avanzar más. Entonces, es recomendable que busques a alguien que consideres que te puede ayudar a salir de esa situación, puede ser un especialista, alguien que te ayude a pensar para poder salir del paradigma que ya no funciona.

¿Qué pasa después de cambiar de paradigma?

En el nuevo paradigma, todo lo que hay son oportunidades. Nos da la sensación de que todo lo que hacemos es imposible que no funcione. Esto es exactamente lo opuesto a lo que nos pasa cuando llegamos al techo.