Muchos ponen un enorme esfuerzo en planificar su carrera. Invierten tiempo y dinero en su formación con cursos de posgrado o carreras en universidades en el exterior. No hay dudas de que apuestan por eso porque creen que esa inversión les va a permitir estar mejor preparados para su futuro profesional. ¿Pero qué pasa si, lejos de eso, la exigencia de tener éxito por haber tenido esa formación se vuelve una tortura que los oprime? ¿Qué pasa si, en ves de sacar lo mejor de uno, hace que salga lo peor?

Sobredimensionar la formación

El punto es que la formación no es ningún seguro o garantía de éxito. Por supuesto, no la desmerecemos, pero hay que ponerla en perspectiva. Si sirvió para algo, fue para mejorar nuestras habilidades y, eventualmente, nuestro marketing personal. Pero lejos está de ser el ticket dorado hacia el éxito. Si la universidad prestigiosa que figura en el CV no viene acompañada de una evolución de las habilidades personales y profesionales, es probable que no nos lleve muy lejos.

El problema de nuestras universidades

Para el que recibió una formación de excelencia, las expectativas laborales son muy altas. Pero si esa formación no lo pulió de una manera integral, fogoneándolo y preparándolo para los desafíos de la vida, enfrentándolo con problemas reales que van más allá de la simple teoría, es muy probable que no consiga ese alto puesto laboral que están buscando y cree que se merece. La mayoría de las universidades de nuestro país no tienen un correcto “control de calidad” de sus egresados y lanzan al mercado personas que no están realmente preparadas, que no tienen las habilidades para desarrollarse en el exigente mundo laboral.

El loop negativo

El escenario que se da es el siguiente: el egresado está durante meses, incluso años, buscando trabajo y no lo consigue. Entonces, llega un punto en que se resigna y decide aplicar a un puesto de una jerarquía más baja. Ahora el problema se complica porque el empleador lo va a  considerar, según su currículum, sobrevalorado para el trabajo. El empleador sabe que el otro, en el fondo, tiene expectativas más altas y que, por más que en ese momento necesite el trabajo, en el fondo no va a estar contento en ese lugar. Contratar a alguien “sobrecalificado” es contratar a alguien que tiene más expectativas de las que uno va a poder satisfacer, y ahí empiezan los problemas. Conclusión: esa formación de excelencia, en vez de ser la aliada para un futuro mejor, se convierte en una enemiga.

El marketing personal se construye con conocimientos. Pero lo que más peso tiene, al final del día, son las habilidades: el profesionalismo, el balance emocional, la capacidad de adaptación, el liderazgo, el grado de motivación, la disponibilidad de hacer sinergiaCosas que no están escritas en ningún CV.

 

Rafael Beltrán

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