La capacidad de hacer negocios tiene también etapas de desarrollo. La etapa infantil, la adolescente, la adulta y la madura. La infantil espera que todo le venga de arriba, sólo sabe recibir.

La adolescente, como tiene una crisis con las normas, cuestiona todo y exige que todo sea como cree que deberían ser las cosas, y ese “debería ser” se suele mezclar con las demandas y expectativas de la fase infantil, que lleva a pensamientos excéntricos del tipo “él debería ayudarme porque puede hacerlo”.

La etapa adulta tiene que ver con la capacidad de asumir la responsabilidad del propio destino partiendo de lo que las cosas son, el saberse protagonista de los logros y los fracasos.

Y la etapa madura se caracteriza por entender el juego, entender el negocio, con ser más estratega que táctico, con no consumir tiempo sino con crearlo, y fundamentalmente con la capacidad de establecer relaciones inteligentes capaces de generar riqueza.

 

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