Muchas veces, el emprendedor no llega a convertirse en un hombre de negocios. Esto tiene que ver con muchos factores que entran en juego antes y durante el proceso de construir el propio proyecto laboral. Vamos a ver algunas características del pseudoemprendedor:

-La idea de que pueden conseguir el éxito partiendo de una falta o carencia, desde una pérdida o una derrota. Suponen que pueden triunfar incluso cuando las condiciones, tanto del mercado como de las capacidades y conocimientos propios, son poco favorables.

-El pseudoemprendedor se siente manipulado por las necesidades de los clientes. Ve esas necesidades como exigencias y entonces se vuelve incapaz de satisfacerlas. Siente que estas necesidades se contraponen con sus propias ideas. Entonces, en vez de entender el negocio, busca imponer sus ideas para que funcionen. El problema, justamente, es que, para que efectivamente funcionen, las ideas tienen que responder a las necesidades de los clientes.

-Quien desee ser un emprendedor, como un objetivo en sí mismo, encontrará el fracaso. La expectativa de un pseudoemprendedor es la rentabilidad, mientras que un hombre de negocios prioriza la continuidad del negocio por encima de la rentabilidad.

-El pseudoemprendedor valora la estructura por encima de la transacción. La estructura buscada no convierte automáticamente un negocio en exitoso. Enfocarse en la estructura de la empresa significa enfocarse en un medio que debe servir para alcanzar un fin. Esto lleva a perder de vista la transacción que es verdaderamente importante para un hombre de negocios. Al mismo tiempo, la estructura no debe obligarnos a trabajar con quien no queremos, haciendo lo que no queremos. La estructura tiene que garantizarnos la libertad.

-Los pseudoemprendedores tienden a ser tranquilos, domesticados y prudentes; se mueven en los límites de su zona de confort. Para convertirnos en emprendedores exitosos, necesitamos aprender, y esto implica un cambio y un aprendizaje que no se tiene en la comodidad.

-Los pseudoemprendedores buscan “abandonar todo” para ocuparse de su proyecto, como si ser un emprendedor fuese garantía del éxito del emprendimiento. En este caso, los pseudoemprendedores apuestan todos sus bienes a un negocio y cometen una imprudencia.

-Algunos son verdaderos emprendedores pero tienen construcciones teóricas que impiden el desarrollo de sus propios negocios. Un ejemplo de esto son los casos en los que se empieza un proyecto por las cosas más difíciles, lo que conduce al bloqueo, el abandono y la frustración. Lo aconsejable es ir paso a paso y no abrumarse con planteos o procedimientos demasiado exigentes.

-Los emprendedores buscan desafíos y cada desafío implica un riesgo. Esto puede jugarles en contra cuando esa búsqueda de adrenalina se vuelve excesiva y se convierte en una fantasía que los expone a la frustración, porque están constantemente enfrentándose a la incertidumbre que los vuelve demasiado vulnerables.

-El pensamiento mágico sugiere que una idea genial no requiere ningún esfuerzo. Un especialista puede detectar cuándo la fantasía conducirá a la frustración, o si constituye una visión que eventualmente se convertirá en una realidad.

-Para un pseudoemprendedor, un negocio es siempre un extraño. No logra identificarse 100% con el proyecto y no lo comprende desde la necesidad del cliente.

-El pseudoemprendedor tiene una expectativa utópica al querer comenzar un negocio con la idea de no ejercer un rol comercial y espera que otro compense lo que no quiere hacer. Ser dueño de la empresa y no compromerse con la parte comercial es, la mayoría de las veces, un problema.

558 visitas

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.