En Psicología del Deporte es común que los deportistas me cuenten que se frustran porque en la cancha las cosas no salen como las habían entrenado. A todos les pasa, y hay muchas variables en juego, pero es posible cambiar la manera en que entrenamos para mejorar nuestro rendimiento.

Si a tu práctica le agregás un componente de competencia, un contexto emocional parecido, si alcanzás el mismo estado y el mismo ritmo que sentís cuando jugás, en donde surjan tensiones, miedos y enojos, entonces ahí podés encarar el partido más preparado y equilibrado.

La verdadera competencia está en quién procesa mejor y más rápido los enojos y las frustraciones a la hora de jugar, y no tanto en la competencia técnica de un swing, un drive o una patada.

Para bajar la tensión a la hora de competir, es aconsejable que en lugar de estar tranquilos en el partido, estemos tensos en la práctica. En otras palabras: si conseguimos replicar las tensiones en la práctica, las vamos a poder resolver mucho mejor durante el partido.

En el precalentamiento intentemos ponernos nerviosos, ansiosos, poco relajados, molestos y exigentes al máximo. Armemos un ambiente incómodo en el cual podamos construir una estrategia clara e invariable. Calibrar el swing para que sea siempre el mismo, el propio. Que nuestro juego sea uno y simple, ir a lo básico y seguir jugando con esa simpleza después, durante el partido.

¿Qué puedo hacer con mi cabeza cuando las cosas no salen como quiero en el partido? Intentar tranquilizarse. Seguir con la estrategia que se armó en la práctica y pegar más allá de las emociones. Si no sale como queremos, hay algo que estamos haciendo distinto a lo que hacemos en la práctica. En el partido es el momento de pegarle a la pelota, de jugar; no es el lugar para resolver cuestiones técnicas.

Si en la práctica solamente afinamos las habilidades técnicas en un ámbito alejado de la emocionalidad del partido, cuando llega la hora de competir nos vemos obligados a pensar mucho y a gastar energías que nos dispersan. Lo simple se transforma en complejo.

Pongamos un ejemplo de un partido de golf: el deportista tira la pelota y se le va tres metros a la derecha de la bandera. Vuelve a tirar y ahora la pelota se desvía tres metros hacia la izquierda. En lugar de concentrarse en la técnica que entrenó, corregir el tiro y apuntar a la bandera, el golfista decide tirar tres metros a la derecha para compensar el error y lograr que la pelota llegue al hoyo.

Se está compensando el error con otro error, en lugar de calibrar bien el swing. El deportista está armando una estrategia en función de cómo le están saliendo las cosas en el partido, un enfoque que es variable y complejo y que lo obliga a pensar demasiado a la hora de tirar. El swing se le termina metiendo en la cabeza y lo bloquea para lograr los resultados que busca.

437 visitas

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.