La polarización es un esquema en donde el valor de una persona está dado por ser una alternativa a otra que se señala como peor. Es decir, el individuo no es bueno por sí mismo, sino que es bueno por lo malo que es el otro. Entonces, se ubica en un lugar bastante particular en donde, por un lado, tiene que ser querido por la mayoría y, por el otro, atacado por otra parte que va a responder a la demonización.

En este esquema, la grieta se busca de manera intencional para que el otro vote porque odia al adversario. En una primera etapa se “presenta” a la otra parte, siempre remarcando que es la peor alternativa posible, y después viene el proceso de reclutamiento de las fuerzas aliadas, el voto, para luchar contra el bando contrario. 

No hay dudas de que bajo esta táctica se fomentan todo tipo de sentimientos negativos: odio, resentimiento, enojo, venganza. Esto hace que los modelos de polarización no sean económicamente sustentables porque no pueden generar confianza. Si se consiguen votos, se lo hace a un costo altísimo. La polarización es una estructura que no tiene cimientos sólidos, es una construcción débil, cambiante e inestable. En nuestro país hace mucho tiempo que vivimos bajo un techo que siempre amenaza con derrumbarse.

Así como hay esquemas polarizantes, hay personas polarizantes. Conocemos gente que vive su vida buscando culpables y enemigos, que se define en contraste con otros que considera inferiores, que buscan la separación. Otros, en cambio, apuestan a la sinergia, creen que todos tenemos algo para aportar, tienen empatía, son conscientes de que es más valiosa y duradera la confianza de hacer algo en conjunto que el odio que se genera a través de la polarización.

El político que realmente busca la sinergia, que es lo opuesto a la polarización, no lo hace desde un lugar de desesperación cuando siente que ya no le quedan opciones. Lamentablemente, es lo que vemos en la mayoría de los casos: se busca el consenso en una situación de caos. Se quiere llegar al diálogo para resolver la crisis que generó la falta de diálogo.

Muy distinto es cuando la sinergia se entiende como parte de una política de estado. Esto es tomar profunda consciencia de que, para sacar al país adelante, hay que construir confianza. Y no es una confianza ciega en una persona a través de un voto: es que la sociedad confíe en sí misma. En la medida en que haya grieta, eso no se puede lograr. En el momento en que aparece esa línea divisoria insalvable, la mitad del país se desentiende de la otra, entonces las piezas de la sociedad no pueden interactuar todas juntas de manera dinámica. La pasión del River-Boca nubla la visión de un equipo que trabaja en conjunto para llegar a un objetivo común. Cuanto más se fomenta la grieta, menos confianza se construye y mayor es la disfuncionalidad de la sociedad, que se refleja en la economía y en la seguridad, entre otras.

El que apuesta al diálogo sacrifica algunos votos en el camino porque no tiene el voto-castigo fácil de un enemigo fabricado. Pero, al final del día, gana por partida doble. Porque gana los votos que vienen del resultado de una gestión que funciona bien porque está basada en la confianza. 

Rafael Beltrán

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