En nuestro país está muy instalada la idea de que la queja es una estrategia para transformar la realidad. Mejor dicho: es LA estrategia para transformar la realidad ¿Cuántas huelgas y piquetes vimos y vivimos en los últimos años, o días?

Esto puede ser un problema porque la queja tiene la característica de lo caótico y lo descontrolado, y la transformación profunda de la realidad se consigue estableciendo un objetivo, trazando un plan de acción, validándolo permanentemente y corrigiéndolo si es necesario. Es decir, a través de un esquema claro, ordenado, concreto y consensuado.

Hay una diferencia entre nadar y patalear. Entre nadar hacia algún destino y simplemente flotar.

Atrás de un cambio sustentable hay un proyecto, con un plan y una visión de futuro. La realidad no se transforma a través de quejas y excusas sobre el presente. Lo vemos en la vida política y en la vida personal. La queja no es un agente sustentable de transformación de la realidad.

Por supuesto, no negamos el derecho a huelga que está en nuestra Constitución y que nos da un espacio para plantear nuestras expectativas y necesidades. El problema, como dijimos antes,  aparece cuando pensamos que ese es el único mecanismo por el cual podemos alcanzar objetivos.

Es verdad que en los países subdesarrollados todo es más difícil. La barbarie y el orden suelen coincidir. Cualquier intento de establecer el orden es visto como un acto de violencia y cualquier acto de violencia desorganizada es considerado un derecho. Pero podemos cambiar si reflexionamos sobre cuáles son las maneras a través de las cuales estamos pretendiendo cambiar. Quizás ahí esté el problema.

Rafael Beltrán

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