¿Y si la pasión te bloquea la visión?

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En la Argentina, todo se nueve por la pasión, y la pasión es pobre. La gran mayoría de otros países, en cambio, le dan más importancia al show que, cuando más espectacular, más rico. En el Superbowl americano, por ejemplo, el espectáculo anterior al partido es impresionante, tiene la mayor audiencia del país, se presentan los artistas más reconocidos del momento y se desembolsan millones de dólares en publicidades especialmente pensadas para el evento. Los americanos ven ese show y lo valoran como tal.

En nuestro país, la pasión es todo. “La pasión se mide en pulgadas”, decía la publicidad de televisores de Garbarino durante el Mundial. Una estrategia de marketing magistral que entendió a la perfección la psicología argentina. ¿Quién iba a llevarse un televisor de pocas pulgadas?, ¿Quién iba a demostrar que tenía poca pasión en la sangre?

El show de la pasión

Los turistas pagan fortunas para ver un River-Boca porque ellos ven el show de nuestra pasión, no porque ellos mismos estén apasionados por algún equipo. Quieren presenciar cómo vivimos la pasión y la emoción. Lo hacemos de una manera tan intensa, que en la cancha de un equipo no pueden entrar los visitantes. La pasión, acá, no tiene límites. La pasión no solo es pobre, también es violenta. Ya no podemos tener uno de los mayores espectáculos del mundo, que no tiene comparación con nada parecido, porque las dos hinchadas están tan tomadas y cegadas por la pasión, que su convivencia se vuelve insostenible.

La mejor hamburguesa es la de la cancha, decimos. No hay dudas de que hay otras más ricas y saludables, pero como somos pasionales…la de la cancha es la de la cancha. Porque hay otros condimentos que tiene esa hamburguesa. Nos autoconvencemos de que la pasión hace que lo malo se convierta en bueno.

El equipo está perdiendo 3-0 y faltan 5 minutos para que termine el partido. Algunos hinchas tal vez se vayan del estadio, pero siempre va a estar la tribuna que canta sin parar aunque el resultado ya sea casi imposible de cambiar. La pasión ante todo. Importa más que cualquier número.

Un estadio de fútbol espectacular, como los de Estados Unidos o incluso algunos nuevos que se construyeron en Brasil para el Mundial pasado, impecables, inmensos, llenos de entretenimientos y opciones para comprar y comer, nos parece frío. La pasión, para nosotros, está en la cancha de barrio con los vestuarios precarios, los baños clausurados y las baldosas flojas. Nos jactamos de eso porque lo identificamos con la pasión.

La pasión y la razón

Acción de padecer.
Lo contrario a la acción.
Perturbación o afecto desordenado del ánimo

Algunas de las definiciones de “pasión” que nos da el diccionario…

La pasión nubla la razón, y esto se transmite de la cancha a la sociedad. El show, en cambio, tiene que ser racional y tiene otra lógica. Se piensa, se prepara, se planea, se invierte dinero. Hay planificación y estrategia. No es que la pasión no sea importante, pero cuando es lo único importante, se desborda y se transforma en pobreza y violencia. Sin darnos cuenta, al valorar la pasión, desencadenamos otros valores que nos perjudican. Con el agregado de que encima nos jactamos de eso.

Y si esto lo trasladamos al trabajo, al argentino lo único que le preocupa es saber lo que le gusta, es encontrar “la pasión” sin tener en cuenta las habilidades, las estrategias, aspectos técnicos y disciplinarios, etc. La pregunta atrás de este “problema” es: no sé cuál es mi pasión. Es una pregunta racional que en realidad busca una respuesta irracional: el estado puro de la pasión.

La pasión tiene que estar, pero en un determinado lugar y acompañada de otras variables. ¿Qué es la famosa “grieta”?  Es la discusión ciega y violenta de dos grupos apasionados. Muchos dejan de ser amigos si están enfrentados. Ante todo: la pasión.

En la película “El secreto de sus ojos”, encuentran al asesino porque saben que hay un lugar al que no puede faltar: la cancha. Guillermo Francella lo dice claro. En tu vida podés cambiar de mujer y hasta de religión, pero hay algo que nunca vas a poder cambiar. El prófugo está ahí, en la tribuna. De eso no se puede escapar. La pasión es nuestra identidad. El nombre, el apellido, el DNI, el ADN o las huellas digitales no definen a la persona. La pasión es el único documento nacional argentino. Algo que no pasa en el resto del mundo. Es cuestión de ver cómo conviven y cómo se manejan las tribunas del Barcelona y el Real Madrid, por ejemplo. El español puede equilibrar  su pasión por su equipo de fútbol con otros aspectos de su vida y puede charlar con el hincha de su rival sin demasiados problemas. Por lo menos, sin los niveles de violencia que vemos acá.

Sí, cuando el argentino va a la cancha, arma un show. Pero lo que va a buscar es su pasión. Los turistas vienen a buscar un show, y uno de los ingredientes es la pasión.

Cuando un argentino se enamora, ¿cuán enamorado tiene que estar? ¡Al palo! Sino, no va. Con esta postura, los vínculos de pareja duran cada vez menos. Sentimos que, si no estamos guiados por la pasión plena, vamos por un mal camino. Pero en realidad, la pasión es ciega, y si caminamos con los ojos vendados, seguramente terminemos en un camino más peligroso.

Pasión y visión

¿El apasionado es un visionario? No. Porque la visión necesita racionalidad, planificación y claridad mental. El visionario tiene su dosis de pasión, pero es una pasión ordenada y estructurada con otros ingredientes. No es una descarga masiva y ciega de emociones que nubla el pensamiento. El problema es que nosotros creemos que el país se construye con pasión. Pero un país sustentable se construye con visión. La pasión lleva al hombre a su estado animal, y eso tiene su encanto. Pero si no asumimos las consecuencias que eso tiene, no nos damos cuenta de que nos estamos encaminando, casi sin darnos cuenta, a la violencia, a la pobreza y a la decadencia.

Sebastián Ortega, con “El Marginal”, sabe leer esto de manera clarísima. Ahí se consagra la pasión, y al programa lo ven personas de todas las clases sociales. Porque todos, en algún punto, y aunque a veces nos cueste admitirlo, llevamos esa pasión cruda y ciega adentro nuestro.

Tal vez sea el momento de desarrollar más visión y menos pasión.

 

 

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