Muchas veces escuchamos que en la vida es bueno dejar el pasado atrás y vivir mirando para adelante. Es muchos aspectos es cierto, y esta idea no escapa al mundo del deporte, en donde es bastante más difícil de poner en práctica porque solemos ser muy resultadistas y a veces no tenemos en cuenta algunos aspectos mentales y emocionales que entran en el juego y lo afectan.

Cuando un deportista de alto rendimiento comete un error, o pierde, su mente lo borra automáticamente del registro de fallas y entonces ya está preparado para aprovechar la próxima oportunidad. Dejó lo pasado atrás y se enfocó en lo que está por venir. Esto le saca una mochila pesada de los hombros y le da soltura, frescura y claridad mental para seguir, fuerte, en la competencia.

Olvidarte permite que tengas una reserva ilimitada de perseverancia y evita que te quedes atrapado en la frustración, porque si te quedás enganchado en la derrota o en la falla que acabás de hacer, es probable que ese “resto” amargo te afecte y te lleve a anticipar un error futuro (la famosa profecía autocumplida).

Si la mente se asienta en el futuro no va a ser afectada por ninguna contingencia presente porque sabe que el juego le va a ofrecer continuamente una nueva oportunidad.

Perder y ganar

Así como es aconsejable que olvidemos las derrotas, también es bueno que borremos las victorias, porque también eso puede generar un conflicto interno. Si un golfista no se desliga de que ganó en el pasado, va a estar sumamente preocupado por la próxima competencia. Un jugador que siente la necesidad de ganar otra vez se va abrumar por la presión y va a tener miedo a perder.

Un boxeador una vez lo explicó muy bien: “Después de ganar esa pelea, me di cuenta de que era útil para nada. Me tomé una ducha, me vestí y volví a trabajar al día siguiente”.

Rafael Beltrán

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