Manejar las Expectativas

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La tranquilidad la encontramos en un estado en el que nuestra capacidad de manejar y controlar una situación está por arriba de nuestras expectativas. Si las expectativas están por encima, aparecerá el pensamiento mágico, que resuelve las cosas negando. También genera una sensación, un miedo y nervios de fondo que no tardarán en aparecer. No es que no hay que tenerla, pero el secreto es ser alguien que encuentra su punto de calma, que lo conoce, que sabe cómo ir ahí. Construir esa tranquilidad en la previa, sin antes haber chequeado si está tranquilo o no, tiene que convertirse en una especialidad para el jugador.

¿Cómo conviene establecer nuestras expectativas?

Si bien las expectativas tienen que ser las más altas posibles en cuánto a las aspiraciones, también deben ser inteligentes en cuanto a su alcance y al tiempo que se necesita para alcanzarlas. Conocer el punto de autocontrol para setear expectativas inteligentes es uno de los desafíos más grandes del autoconocimiento del deportista. A su vez, son la base de lo que le permite tranquilizarse, porque entiende la dinámica de las expectativas.

Sin embargo, esto no es tarea fácil. Los objetivos indefinidos que no se pueden medir, por ejemplo, querer hacer poco, generan una expectativa muy difusa que trae ansiedad. El objetivo esperado tiene que relajar y liberar el juego. Definir bien lo que se busca y lo que se puede encontrar lleva a expectativas convenientes a la hora de entrar en la cancha.

Exigirse el birdie y no encontrarlo es demasiado frustrante. Es conveniente buscar el par, tratando de no hacer bogey. Y si en el medio se encuentra el birdie, mejor. Exigirse el birdie es tensarse por demás, que no significa que no se lo pueda visualizar, pero visualizar no es exigir. Es por ello que, las expectativas definidas (con números, de mínima y de máxima) y realistas (las alcanzadas en el promedio de los últimos dos meses) dan al jugador la tranquilidad que permite que salga su mejor golf.

Hay un gap entre lo que se visualiza, la expectativa y la exigencia. En los días malos, más que nunca, conviene concentrarse en la capacidad de mantener el foco por encima del score. Mantenerse enfocado como logro, como objetivo.

Rafa Beltrán

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