La estrategia de cancha es diferente a la estrategia golpe. La de cancha es pensada con tiempo para definirla, en cambio la de golpe apunta justamente a no pensar, a conseguir que en el momento del impacto, el cuerpo instintivamente y conectado, se despoje de todo tipo de pensamiento que lo pueda perturbar.

La mente a través del pensamiento tiene la propiedad de separarse del cuerpo, y es lo contrario de lo que necesita el golpe; por eso pensar en el golpe, supone una desconexión. La mente al golpear tiene que estar conectada al cuerpo con una sensación mental, una intuición, no un pensamiento. El golpe optimo es simple y básico, no complejo o alborotado por pensamientos.

Al golpear hay que confiar que están integrados en el cuerpo todos los pensamientos pasados y todo el trabajo técnico que se hizo. Y si sentimos que no lo están, porque vemos que el golpe no salió como queríamos, no es recomendable armar un mar de pensamientos durante la competencia; el momento de pensar está en la práctica, que puede ser mucho más técnica.

Es como llevar el auto al taller mecánico, ahí se lo abre, se lo desarma y se trabaja para arreglarlo y mejorarlo, pero cuando vamos al garaje para usar el auto, si nos encontramos con el mecánico y el auto desarmado, – que es lo que pasa cuando pensamos en el golpe -, no vamos a poder usar el auto y nos vamos a poner mal. Para poder usar el auto tiene que estar armado.

Entonces el objetivo del golpe es alcanzar la simpleza del no pensamiento, y ésto también se puede entrenar.

Cualquier estrategia es válida para cumplir este objetivo. Una recomendable es poder repetir un mantra positivo o una frase que de confianza y pegar automáticamente cuando se termina la frase sin dejar espacio a ningún pensamiento. Nos puede asustar la palabra automático pero atrás de automático está el concepto de golpe internalizado. Esto de la frase es sólo un ejemplo de estrategia de golpe, cada uno tiene que desarrollar la propia, mientras le funcione es buena.

Esta estrategia hay que construirla, estabilizarla y después defenderla para confiar en ella al momento de los resultados y no dejar que los resultados sacudan y rompan la estrategia. Por qué o manda la estrategia, que nos deja en el lugar del intento o manda el resultado, que destroza cualquier estrategia.

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