A veces, cuando no alcanzamos algo que queremos, pensamos que fue un fracaso, una debilidad, una limitación y eso puede frustrarnos. Cuando pensamos así nos estamos enfocando en los resultados y no vemos otras variables. Por eso, no pienses en términos de fracasos, sino en todo lo que hiciste y en todo lo que te esforzaste, porque eso es lo que cuenta. El problema de pensar en “fracasos” es que la lógica del fracaso, en realidad, es una lógica de resultados, no de intentos, y es el intento lo que te lleva a un proceso continuo de superación personal, y eso, aunque no lo veas en la planilla final de los resultados, es lo que realmente suma en tu vida personal y profesional.

El fracaso y nuestras relaciones

El enfoque en los resultados puede llevarnos a ver fallas en donde en realidad hay escalones para avanzar mejor. Si el resultado es el objetivo final, los fracasos seguramente se expliquen con cierta arrogancia porque son difíciles de aceptar. Cuando pasa esto, nos volvemos distantes, no nos permitirnos la posibilidad de escuchar a alguien que pueda ayudarnosdejarnos asesorar para salir adelante con otro punto de vista.

El intento es interno, íntimo, profundo y tiene una conexión directa con la perseverancia, que es una enorme virtud. Enfrascarse en la lógica del fracaso desanima, nos hace perder confianza, no queremos ser vistos como débiles y entonces construimos una especie de armadura irreal que proyecta una imagen de éxito hacia afuera, porque pensamos que si no tenemos logros externos, no tenemos éxito porque nadie los ve y nosotros tampoco.

¿Cómo vemos nuestros logros?

Si, en cambio, pensamos con la lógica del intento y nos centramos en nuestros logros internos es altamente probable que tengamos muchos resultados. Esto podemos confundirlo con ambición, que tiene una connotación negativa, pero no tiene nada que ver con eso. El íntimo anhelo por los logros puede verse de otra manera, constructiva y madura, un horizonte hacia el que caminamos y adonde queremos llegar, en donde lo que en realidad importa es ese camino, porque la “meta” es en verdad una excusa para el desarrollo interno que es un fin en sí mismo, es decir, una excusa para desarrollar nuestras virtudes.

Los logros externos y la orientación hacia los resultados, que tanta buena prensa tienen en nuestra sociedad, en realidad son mucho más pasivos que la orientación hacia los logros internos y la superación personal, que es activa, fuerte, constructiva y un pasaje directo hacia el éxito sustentable.

Rafael Beltrán

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