En el día a día del trabajo, de los negocios o en el deporte se nos presentan situaciones más o menos complejas que debemos enfrentar. Esto lo podemos hacer de la manera “correcta” o de la manera estratégica, que no por estratégica deja de ser correcta o antiética.

El modo correcto es el más fácil, no asume riesgos, y sigue un grupo de reglas básicas e indiscutibles, no hace falta entender el contexto, identificar lo importante, las variables de impacto, y por lo tanto, priorizar los cursos de acción más convenientes; todos los puntos que sí contempla el modo estratégico. El modo correcto sirve para justificarse y consolarse, pero no genera impacto, es lo que en el deporte sería aplicar un sistema defensivo.

El sistema estratégico es ofensivo, asume riesgos inteligentes que generan impacto real. Analiza esos riesgos y, sin entrar en lo incorrecto, sale de lo correcto, de lo dramático, de lo blanco o negro, de juzgar en lugar de entender, para encontrar los puntos de valor. El problema del modo “correcto” es que no nos deja crecer, no nos deja ver lo nuevo, no podemos pensar por afuera de la caja y nos encierra en nosotros mismos.

Una buena forma de vencer esos miedos a los riesgos estratégicos es eligiendo con quien vamos a compartir estas situaciones. Si elegimos a alguien más miedoso que nosotros, no vamos a ir por buen camino, pero si elegimos a alguien con experiencias sanas de crecimiento, criterioso y moderado, vamos a poder contextualizar las situaciones y saldremos a ganar el partido y no sólo a tratar de que no nos metan goles.

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