1.Muchas veces juzgamos a los que se equivocan pero no tenemos en cuenta el hecho de que hay alguien que tuvo iniciativa detrás de eso. Por más que no nos guste cómo hicieron las cosas los otros es sano que podamos rescatar y sentir respeto por la iniciativa ajena, que la valoremos. Quizás otro hizo algo que nosotros no nos animamos a hacer. En la lógica de la complacencia, las cosas suceden; en la lógica de la iniciativa, uno hace que las cosas pasen, y eso merece nuestro respeto.

2. La iniciativa, aunque parezca algo abstracto y desordenado, en el fondo es el motor de la disciplina, que es un ingrediente fundamental del éxito. La disciplina es la consecuencia de algo que vos querés lograr. Esa potencia que te lleva a actuar por algo a lo que aspirás, te activa el orden que necesitás para alcanzarlo. La iniciativa permite la disciplina, no al revés.

3. Seguir la opinión de los demás nos paraliza y mata la iniciativa que surge del propio impulso, de la autonomía. Si dependemos de lo que piensan los otros, surge la complacencia porque hacemos todo para satisfacer a los demás y no tenemos en cuenta qué es lo que realmente queremos lograr. Buscar la seguridad externa es lo que más destruye la iniciativa. Tomás el control de tu vida a partir de tu propia iniciativa. Las oportunidades sólo la podés activar vos. Si no las aprovechás, podés tener todos los recursos y las herramientas pero no vas a lograr lo que querés. El protagonista de tu vida sos vos.

4. Las cosas que logramos por iniciativa propia valen muchísimo más que las que vinieron “de arriba”.

5. Cuando dejamos de ser protagonistas y nos gana la complacencia, aparece la angustia, las quejas, el echarle la culpa a los demás. Cuando tomamos conciencia de la contracara de la iniciativa, más la vamos a valorar y a querer conectarnos con nosotros mismos y con eso que nos mueve, sin excusas ni justificaciones.

6. La falta de iniciativa surge del miedo y de la sensación de que no nos merecemos lo que queremos o de que no vamos a poder mantenerlo. Si nos liberamos de ese miedo, si empezamos a medir qué nivel de iniciativa tenemos y hacemos algo al respecto para tomar el control de nuestra vida, ser autónomos y cazar las oportunidades que nos permitan lograr lo que queremos, el miedo va desapareciendo y le va dando lugar a la iniciativa, a la disciplina, al orden y al éxito.

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