Queremos ir al gimnasio pero no vamos.

Queremos arrancar la dieta pero no lo hacemos o no la mantenemos.

Queremos leer un libro, concretar aunque sea unas pocas horas de lectura diaria, pero pareciera que no podemos encajar ese espacio temporal en nuestra rutina.

No son grandes proezas. Son esas acciones en nuestra vida que no hacemos sabiendo que podríamos hacerlas y que nos traerían mucha satisfacción, confianzay consecuencias positivas y concretas. Saboreamos el orgullo personal que sentiríamos al cumplirlas. Lo sentimos. Pero hay un paso más que no alcanzamos a dar. En cambio, elegimos la última serie de Netflix o nos justificamos diciéndonos que lo dejamos para la semana que viene. La famosa procrastinación.

A todos nos pasa, y es lógico que así sea. La pereza pareciera tener su lugar en algún aspecto de nuestra vida. Es el punto ciego que todo auto tiene. Daríamos cualquier cosa para que, cada vez que queremos hacer algo positivo para nosotros, efectivamente lo hagamos.

La pereza, muchas veces, nos gana la carrera. Pero podemos alcanzarla. Y ganarle. El secreto está en entender qué es.

Es habitual que pensemos en la pereza como un tema emocional. Pero, en realidad, tiene una base racional porque podemos encontrar un camino para resolverla si entendemos qué es y de dónde viene en vez de mantenerla en el campo de la abstracción o de definirla simplemente como una falta de iniciativa.

Más que una falta de motivación, la pereza es un bloqueo de la acción. De manera natural o espontánea, tendemos a la acción. Entonces, cuando llega la parálisis existe un bloqueo para destapar y hacer que toda esa energía que estaba adentro sin salir, fluya de manera natural.

Es un tema recurrente pensar que la “cura” de la pereza está en “el esfuerzo”, “la fuerza de voluntad” o “el sacrificio”. Pero ninguna de estas actitudes son suficientes para justificar un resultado que no alcanzamos. Son un consuelo y una evasión. La pereza, al final del día, es en realidad una pereza de pensamiento, de no parar la pelota para indagar:

¿Adónde está el bloqueo?

La sinergia puede ayudarnos a salir de la pereza, superar el aislamiento y construir algo productivo junto con otro. Intercambiar reflexiones que nos lleven a la raíz del problema.

Rafael Beltrán

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