El estímulo es una herramienta de alto potencial. En la Argentina estamos muy acostumbrados a la arenga, tanto adentro como afuera del juego, y muchos creemos que es una buena motivación. Pero en realidad no, es un caso en el que el estímulo no se está usando de manera correcta y eso impacta en el estado mental y en el rendimiento del deportista.

Ahora, el estímulo correcto y bien intencionado sí transforma al jugador, le da reconocimiento y motivación para alcanzar resultados.

El mal estímulo

Cuando la motivación se fomenta en exceso, deja al jugador en un estado de inestabilidad emocional. Esta inestabilidad debilita tanto al jugador que es muy probable que colapse en la competencia. Abrumado, se vuelve vulnerable y se desmorona ante el más mínimo error, sin entender qué es lo que le pasa y sin poder manejar el ritmo cambiante de sus emociones.

Además, empezar con una excitación excesiva es un manejo incorrecto de la energía mental, porque uno no puede sostener ese alto nivel de motivación durante todo el partido, y eso fomenta todavía más la inestabilidad.

La euforia es proporcional al error potencial. O sea, cuanto más eufórico estás, más miedo vas a tener de no poder funcionar bien.

La motivación y las emociones

La motivación que se basa en emociones es intensa y genera una estimulación rápida, pero no es estable y perdurable como la que se basa en la confianza, que es confiada y relajada. Las emociones superficiales y fluctuantes dejan al deportista en un estado mental precario. Pero la convicción, en cambio, es una actitud estable que le permite al deportista controlar su juego.

El poder de las palabras

No es lo mismo animar con un “¡adelante!” que con un “vamos”. El primero es una demanda externa, mientras que el segundo es un estímulo real que hace que el jugador se sienta reconocido y no juzgado.

Las formas de hablar muestran el estilo motivacional. Podría ser claro y transmitir confianza y tranquilidad, o descontrolado, generando nerviosismo, confusión y desesperación, perdiendo la idea del mensaje. Esta situación es típica de aquellos que exigen resultados.

Las buenas intenciones no son suficientes. Es necesario entender que las palabras que se usan tienen un impacto en el estado mental del jugador.

La arenga es un discurso agresivo, a gran volumen, que alarga las palabras para buscar una reacción en el jugador. Los entrenadores y los jugadores usan la arenga para compensar una falta de confianza.

Rafael Beltrán

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