El coach psicológico se focaliza en potenciar las capacidades del cliente para mejorar su desarrollo profesional y su performance. El coaching es un proceso de cambio e implica la confianza en ese cambio, que es un proceso difícil que tiene un costo emocional que uno debe aprender a pagar.

El coach  evalúa cuántos elementos hay disponibles para generar el cambio. A partir de ese análisis, proporciona métodos para reducir y controlar la ansiedad y para fomentar la capacidad para tolerar y procesar momentos de inestabilidad, condiciones necesarias para traccionar una transformación.

En este sentido, el coach es un socio virtual que brinda apoyo, comparte y discute ideas como si fuera un socio real, pero en el marco de un vínculo relajado y desinteresado. Puede asesorar a la organización en su conjunto o a cada miembro de forma particular.

El asesor ayuda a resolver situaciones en el corto plazo pero deja lecciones que serán útiles en el largo plazo. Por eso el coaching forma parte de un proceso de aprendizaje que perdura en el tiempo. El consultor primero entiende el cuadro de situación, realiza un diagnóstico psicológico en el marco de relaciones usualmente complejas y conflictivas, comprende de manera íntima lo que verdaderamente está atravesando su cliente y luego desarrolla una estrategia integral que considera todas estas variables, captando la realidad profunda de la situación y pudiendo así implementar un cambio sustentable.

El psicólogo entiende cuáles son las ideas que promueven en su cliente emociones positivas y negativas y puede así optimizar las primeras y/o cambiar las segundas.

Ayuda al cliente, respetando su estilo personal, a entender cabalmente su negocio y el juego en el que se mueve y, a partir de allí, desarrollar conjuntamente un sistema óptimo de performance. De esta manera, promueve al cliente a construir una visión, a considerar otras perspectivas, a perseverar en momentos de frustración, a analizar situaciones complejas, a entender y ser consciente del pensamiento propio, a romper patrones de comportamiento limitantes, a desbloquear los estancamientos mentales y a revertir la falta de motivación.

La psicología del rendimiento ayuda al cliente a ver si su visión está basada en la realidad o si es una fantasía que lo llevará inevitablemente a la frustración.

El cliente construye una visión y el coach construye un visionario.

El asesor entiende cuáles son los factores clave de liderazgo y de motivación que son consecuencia de procesos mentales profundos. Asiste al cliente para que él mismo pueda ver cuáles son las limitaciones psicológicas que le impiden desarrollar una performance estratégica. Ayuda a que la persona pueda detectar las claves para el propio éxito y pueda así repetirlas cuando lo considere necesario, de forma voluntaria.

Impulsa a su cliente a desarrollar una lógica predictiva, afina su capacidad de anticipación que es indispensable para el éxito.

El psicólogo del rendimiento abre el espacio para que el cliente pueda construir negociaciones que lo satisfagan a él y a su entorno. Le proporciona las herramientas comunicacionales para construir un diálogo que genere valor.

A través de preguntas, para no invadir al cliente o imponerle ideas, lo ayuda a pensar de una manera cada vez más rigurosa y profunda y lo guía para que pueda él mismo elaborar sus propias reflexiones y conjeturas.

Por ejemplo ¿Qué pasaría si consideráramos este asunto desde este punto de vista? 

Es decir, el coach asiste al sujeto para que se conozca a sí mismo y descubra los propios mecanismos mentales para que pueda manejarlos concienzudamente en distintas situaciones.

El coach no le dice a su cliente lo que debe hacer: le señala cómo ciertas actitudes o acciones pueden funcionar de acuerdo con su propia naturaleza.

Uno no puede decirle a otro lo que debe hacer sin ayudarlo a entender primero las razones por las cuales se encuentra atravesando una crisis, proporcionándole ideas y argumentos claros. De otra manera no funciona, no se dan las condiciones para generar los cambios sustentables que se requieren para revertir la situación.

El psicólogo del rendimiento no sólo escucha, también proporciona un consejo positivo y le da al cliente un abanico de alternativas, basadas en su experiencia única, para que pueda elegir la que desee. Lo ayuda a organizar y validar sus ideas.

El asesor puede hacer sugerencias pero no debe bajo ningún concepto matar el instinto del cliente, porque en él reside el poder de su visión y motivación.

Los silencios del psicoanálisis no funcionan en el coaching. El cliente se siente incómodo si su asesor se refiere a problemas abstractos e inexistentes, que no se anclan en su realidad actual y no le permiten superar sus obstáculos y  alcanzar el máximo de su potencial.

Los psicólogos que realizan coaching ayudan a sus clientes más allá de si hay una crisis o no; es un estratega  que expone sus argumentos con claridad y, al mismo tiempo está comprometido con el éxito de su cliente. Es un vínculo de estrategia y de compromiso.

A veces puede resultarle difícil al cliente ceder porque defiende a rajatabla sus intereses. En estos casos, el asesoramiento y el consejo debe convertirse en acción lo antes posible para que el cliente pueda ver y experimentar los resultados que busca. A las palabras se las lleva el viento. Si el consejo sólo permanece como palabra, no funciona.


The coaching psychologist focuses on maximizing the client’s capabilities to improve professional development and performance. Coaching is a process of change and confidence in that change. The change process is hard and has an emotional cost that you have to learn to pay.

The psychologist analyzes how much it is available for that change. From that assessment, he provides methods to reduce and control anxiety and to process instability, necessary conditions that produce change. In this sense, the coaching psychologist is a virtual partner that gives support, shares and discusses ideas like a real partner, but in a more relaxed and disinterested way. He can advise the organization as a whole or each of its members individually.

The coach helps to solve short-term situations but leaves lessons that will be useful in the long term. For that reason, coaching is part of a learning process that endures over time. The coach first understands the situation, makes a psychological diagnosis that usually involves complex and difficult relationships. He understands intimately what his client is going through and then develops a comprehensive that takes into consideration all of these variables, grasping the deeper reality of the situation and thus allowing the implementation of a sustainable change.

The psychologist understands the ideas that promote positive and negative emotions in his client so he can optimize the former and change the latter.

He helps the client, respecting his personal style, to think about the business and the game he is a part of, and, from there, they develop together an optimal performance system. In this way, he encourages his client to create a vision, to consider other perspectives, to persevere in the midst of frustration, to analyze complex situations, to understand and be conscious of limiting behavioral patterns; to break mental blockages, and to revert the lack of motivation.

Coaching Psychology helps the client to see if his vision is based on reality or if it is a fantasy that will inevitably lead to frustration.

The client builds a vision and the coach builds a visionary.

The Coaching Psychologist understands the key factors of leadership and motivation that emerge as a consequence of deep mental processes. He assists is the client so that he himself can see the psychological limitations that do not enable him to develop a strategic performance. He helps the person to detect the aspects for his own success and therefore be capable of repeating them when he considers useful, in a conscious way.

He helps his client develop a predictive logic, a capacity for anticipation which is indispensable for success.

The coach opens up a space for the client to construct negotiations that are satisfying both for himself and his environment. He provides him with It gives communicational tools to build a dialogue that creates value.

Through questions, so as not to invade the client or impose ideas on him, he helps the clients to think in an increasingly rigorous and profound way, and guides him so that he can elaborate his own reflexions. That is, the coach assists the individual so that he can know yourself and discover his own mental mechanisms to handle them consciously in different situations.

The coach does not tell what he should do; he will only point out how some attitudes and behaviors work according to his nature.

What would happen if we consider this from another point of view?

One cannot tell anyone what they have to do without first understanding the reasons he is undergoing a crisis, providing clear arguments and ideas. If not, the process does not work, sustainable changes that are required to revert the situation are not generated.

The psychologist not only listens, he also provides clear and positive advice and gives the client a range of alternatives based on his unique experience so that he can choose what he desires. He helps him organize and validate his ideas.

The psychology coach can make suggestions, but he should never kill his client’s instinct because in it resides the power of his vision and motivation.

The silences of a psychoanalytic treatment do not work in coaching. The client feels uncomfortable if the psychologist refers to unexistent and abstract problems that are not anchored in his present situation and allow him to get over his obstacles and in that way reach his máximum potential.

Coaches help their clients, regardless of whether there is a crisis or not. The plane continues its course even during turbulence. In this sense, the advisor must be, on the one hand, a strategist who can clearly explain his arguments but must also be a companion, deeply committed to the success of their clients. There is both strategy and commitment in the relationship between them

Sometimes it can be difficult for the client because he defends his interests firmly. In these cases, advising has to be quickly converted into action so the client can see and experience the results; if it only remains in words, it does not work.

 

 

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