La fortaleza personal reside en conocer y aceptar nuestras debilidades, que es la mejor ruta para superarnos a nosotros mismos.

Si detectamos y aceptamos nuestros puntos débiles podemos tener una relación sana con ellos y ser auténticos. Si, en cambio, no queremos ver cuál es nuestro Talón de Aquiles es muy probable que caigamos en la negación. Posiblemente todos, en algún momento, hayamos preferido “no estar al tanto” de nuestras flaquezas para evitar hacer algo al respecto.

Y lo que pasa es que la negación es una manera inapropiada e incompetente para resolver nuestros puntos débiles y para afrontar los sentimientos de impotencia y desmotivación que muchas veces generan. Cuanto más lo negamos, más crece ese sentimiento y mayor es la resistencia a querer verlo. Al amigarnos con nosotros mismos, con nuestras fuerzas y debilidades, podemos romper con ese círculo que nos daña y no nos deja crecer.

Ahora, una vez que los reconocemos, el paso siguiente es actuar. Los errores que cometemos son lecciones que nos permiten evaluar en qué fallamos y oportunidades para no volver a repetirlos en un futuro.

Si lo llevamos a un análisis de rendimiento,  para lograr que sea alto es aconsejable que encontremos el punto en donde damos lo mejor sin llegar a perdernos. Así jugamos en los límites del rendimiento y podemos lograr grandes resultados, que son consecuencia de una postura emocional y mental que tiene un impacto directo en la realidad. Y, al final del día, es eso lo que se va a valorar.

Rafael Beltrán

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