La Inteligencia Sinérgica

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En esta oportunidad nos preguntamos qué pasa entre la capacidad intelectual y la sinergia o la empatía.

Una de las cosas que pasa con regularidad es que, como la capacidad intelectual se basa en la razón, a veces se acerca mucho a querer tener razón. Por eso, alguien que prioriza su capacidad intelectual puede llegar a creer que sus ideas son más valiosas que las de los demás, o creerse que es más inteligente. Hasta puede terminar imponiendo sus pensamientos, sin siquiera darse cuenta. El otro empieza a sentir que queda a un costado del análisis de la situación, que no puede aportar otro contenido.

Ahí es donde se genera un problema de empatía. En algún lugar la otra persona queda descalificada frente a la imposición de quien se considera que tiene la razón. Y si no hay empatía, tampoco es posible que se dé la sinergia.

Muchas veces creemos que, porque somos los portadores de la verdad o de la razón, estamos autorizados a imponer lo que pensamos. Por lo tanto, no damos espacio a que los demás puedan aportar otras ideas.

Sin embargo, en la mayoría de las situaciones para generar impacto no alcanza únicamente con la capacidad intelectual. Por más brillante que seas, si tu capacidad no está acompañada por la habilidad social, no lograrás tener los efectos deseados.

El trabajo individual suele estar relacionado con lo racional. Sin embargo el trabajo colectivo tiende a ser emocional, porque involucra relaciones. Estas relaciones están atravesadas más por emociones que por pensamientos. Por eso, por más que seas un genio, no necesariamente vas a tener la habilidad emocional para generar buenos vínculos.

Ser racional sin poder manejar lo emocional lleva a quedar encerrado en las propias ideas, que se van volviendo cada vez más rígidas. Además, es muy probable que empieces a percibir muchas situaciones como injustas y que esto te lleve al resentimiento. Esa mirada está bajo una perspectiva racional y solitaria. La fuerza de las convicciones debe amalgamarse con la capacidad de hacer sinergia con los demás. De otra forma, esas convicciones se vuelven estériles.

¿Y cuál es el primer paso para empezar a ser más empático?  Se comienza siempre por la concientización. Al momento de acordar algo con alguien, ¿ves que el otro aportó una parte de la idea?, ¿se involucró en el análisis de lo que están debatiendo juntos?. Si tu respuesta a estas preguntas es no, entonces no estás siendo muy empático.  Por eso, es necesario que te pongas a pensar y a evaluar de qué forma llegaste a los acuerdos en conjunto. Sobre todo, para comenzar a tomar conciencia de que el otro también tiene que ser valorado y escuchado.

Podés comenzar hoy mismo, en las relaciones cercanas que tengas. Observá si sos alguien que considera las ideas del otro, y si el otro está considerando tus ideas. Y también si pueden llegar a algo que es un punto clave en la sinergia que es pensar juntos.

Rafa Beltrán

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