La grieta es psicológica, no política

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¿Alguna vez pensante el papel que juegan la psicología, la familia y Dios en las posturas políticas? Te invito a que pienses el tema con una perspectiva distinta.

CONFIANZA Y CUIDADO

En todos los vínculos humanos se juegan dos valores fundamentales: la confianza y el cuidado. Pueden darse los dos, pero uno se manifiesta primero que el otro. Como dos autos en una ruta de un solo carril: pueden andar pegados, pero uno lleva la delantera.

La confianza le da libertad al otro y apunta a su desarrollo personal para que asuma responsabilidades y pueda desplegar su potencial. Es más racional. La idea es que cada uno se tiene que hacer cargo de su vida y es responsable de lo suyo.

El cuidado se basa en la protección y, en ese sentido, limita la libertad. Implica mayor sensibilidad y empatía. En contacto con el sufrimiento ajeno, el que apoya el cuidado se pone en los zapatos del otro y se conecta con sus necesidades. Es una actitud que, en el fondo, quiere ahorrarle frustración a la otra parte (“no, déjalo porque no lo va a poder hacer”). Es más emocional.

Pongamos un ejemplo. Un chico es invitado a un campamento con su grupo del colegio. Su madre puede decirle: no vas porque te podés lastimar (prioriza el cuidado). En este caso, no le está dando confianza para que el chico se desarrolle por su propia cuenta.

En cambio, otra mamá podría autorizarlo a ir porque cree que, si lo hace, es muy probable que en ese contexto desafiante desarrolle técnicas y habilidades propias. A partir de su libertad, la mamá está segura de que su hijo va a poder asumir su responsabilidad y desplegar sus virtudes.

No hay enfoques “buenos” o “malos”, correctos o incorrectos. Claro que toda madre que cuida, confía. Y toda madre que confía, cuida. Pero cada uno de nosotros, por default, activamos primero la confianza o primero el cuidado.

Ahora metámonos en política.

DE DERECHA Y DE IZQUIERDA

Cada perfil psicológico se corresponde con un perfil político: el que cuida tiende a ser de izquierda; el que confía, de derecha. En otras palabras, la ideología es consecuencia de un perfil psicológico que priorizó primero el cuidado o primero la confianza. Sin embargo, es común que pensemos que debatimos convicciones e ideologías.

Las posturas políticas tienen raíces inconscientes, profundas, estructurales y psicológicas. Por eso, el de derecha no va a poder hacer que el de izquierda le de más importancia a la confianza que al cuidado. Más allá de los hechos, los debates., las estadísticas y los eslóganes, una persona de izquierda y otra de derecha no se pondrán de acuerdo en una discusión porque sus argumentos responden a cuestiones profundas, muchas veces ignoradas.

CREYENTES Y ATEOS

A esto le sumamos otro tema poco considerado: ¡¿Dios. Dios?! Sí, Dios. Dios y la fe. Cada perfil psicológico tiene su propia percepción del orden divino, su particular cosmovisión del mundo. Puede haber variantes, pero en general se dan dos patrones.

La persona de derecha tiene fe y no duda de que Dios existe. Y es Él el que, en última instancia, nos cuida a todos. “Cada uno en su casa y Dios en la de todos”, dicen los españoles. Siguiendo con este razonamiento, la idea es: cada uno se ocupa de sus cosas, Dios se ocupa de todos, y entonces yo no me voy a ocupar de las cosas de los otros. El cuidado está tercerizado en Dios.

El de izquierda es ateo. Entonces piensa: si yo no cuidado al prójimo, no lo cuida nadie. En algún lugar, el ateo asume la responsabilidad del cuidado del prójimo. Si lo pensamos un poco más, podríamos decir que el ateo…en realidad no lo es tanto. En un nivel espiritual profundo, está mucho más conectado con los otros.

CONTEXTO FAMILIAR

El lugar y las circunstancias en las que uno nace influyen directamente en esta ecuación. Alguien puede nacer en una familia de derecha pero tener un perfil psicológico de izquierda en donde el cuidado está antes que la confianza. Inevitablemente, ahí va a haber un conflicto interno. La lógica y el aprendizaje, el estándar de vida y el nivel socioeconómico van para un lado, mientras la sensibilidad pasa por otro. Entender el tira y afloje de esta situación puede ayudarnos a entender nuestros dilemas profundos.

No se trata de buscar una solución, sino más bien, una mayor comprensión.

“Los puristas” que se ubican, sin fisuras, a uno u otro lado del cuadrante, actúan más libremente y despojados de dilemas internos. Su contexto social y su estructura psicológica van de la mano.

Cuando despliego este cuadro de situación en mis sesiones, muchos se sorprenden porque no habían sido conscientes de estas variables que guiaban su conducta. Cuando podemos ver en dónde estamos parados, entonces es más probable que, en al momento de discutir cuestiones políticas, entendamos mejor la postura del otro y respetemos su visión. Comprendiendo la psicología del otro, entendemos la lógica de su razonamiento. Podemos discutir de una manera sana, sin necesidad de llevar la discusión a un extremo de violencia o de intolerancia.
Porque, en realidad, nos damos cuenta, al final del día, de que los dos tenemos razón.

Rafael Beltrán

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