De qué está hecha la identidad del deportista

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Cuando jugamos un deporte elegimos expresarnos y hacer contacto con la realidad. En ese sentido, tener una identidad fuerte contribuye enormemente en el desarrollo personal del jugador, y esa identidad no está hecha sólo de victorias.

Si el deportista tiene la necesidad de satisfacer expectativas externas (del entrenador, el público, los padres, etc.), empiezan a aparecen grietas en su consistencia mental, entonces la clave del éxito no tiene nada que ver con probarle nada a nadie,porque es imposible satisfacer las expectativas de todos.

Mundo interior y exterior

En el deporte, el autoconocimiento del jugador es lo que va a llevarlo a marcar la diferencia. Esto significa entender el mundo interior, lo que somos y lo que podemos lograr, y el mundo exterior, lo que queremos mostrarle a los demás o lo que creemos que le mostramos a los demás. Cuando alguien no puede resolver la dicotomía interna / externa y queda atrapado en los resultados, se atasca y su evolución se detiene. Esto genera parálisis y hace desaparecer el deseo.

Los resultados

Existe una relación complicada entre lo que sos y lo que hacés. Los resultados hablan por vos, pero no te definen. Es aconsejable que los jugadores, para definirse a sí mismos, tomen distancia de su producto, juego, objetivos, golpes y resultados, porque al identificarse con ellos, se vuelven vulnerables, frágiles y dependientes.

Cuando los jugadores creen que son lo que hacen, no se separan de su trabajo y se sienten genios si todo va bien y un desastre si todo sale mal. Es bueno que entendamos la diferencia: una cosa es el jugador, y otra es la jugada.

La comparación

El resultado te compara con los demás, mientras que durante el intento sos único. La verdadera identidad del golfista o del equipo no surge de los resultados sino de los intentos. Si no lo pensamos así, nos vamos a confundir. En otras palabras, pensar que estamos hechos de nuestros logros es una equivocación, porque en realidad estamos hechos de la perseverancia de nuestros intentos. Pensar solo en ganar es de cobarde y te lleva a una competencia que no es sana y que te distrae del juego.

El deportista siente cada aspecto del deporte personalmente, de una manera única; entonces el desafío es aprender a validar el valor propio en comparación con uno mismo y no con otro jugador. Hay deportistas que quieren destacarse en comparación con los demás y enfocarse en el juicio del otro y esto no los deja conectarse con su impulso y disfrute.

Cuando diferenciamos lo que somos de nuestra profesión o hobby, podemos distanciarnos de los resultados y decir: “Yo soy tal cosa, y yo soy un deportista”. Esto significa que el reconocimiento va a ir más allá del desempeño y, al mismo tiempo, significa que asumimos parte de nuestra identidad como deportistas establecidos y no sólo como “aspirantes”. Decir “soy golfista”, por ejemplo, significa que el jugador considera que alcanzó su nivel de máximo de rendimiento.

El profesional llega a un equilibrio cuando hace el ejercicio de reconocerse a sí mismo como persona y es consciente de sus fortalezas y debilidades como ser humano, más allá del deporte, y pasa a verse como un ser humano que juega.

Rafael Beltrán

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