No es fácil acompañar la carrera de los jóvenes deportistas talentosos. Muchas veces dudamos de si es mejor exigirlos para que den su máximo, o dejarlos solos para que vayan a su ritmo aunque veamos que ese ritmo podría ser mejor.

Si los exigimos, corremos el riesgo de asfixiarlos y angustiarlos, al punto de que dejen de disfrutar y abandonen la práctica por algo que ellos sientan que los haga sentir mejor.

Frente esta situación es mejor cambiar el planteo de… “¿los exigimos o no?” por el de “¿cómo hacemos para motivarlos?”.

Un buen mensaje para desafiarlos puede ser este:

“Yo creo que podés llegar adonde sea, yo confío en eso, pero a lo mejor vos no te ves ahí arriba y esto depende de cómo te ves vos y no de cómo te ven los demás “.

La responsabilidad del coach a nivel mental es llevarlos al máximo nivel de motivación pero siempre entendiendo que eso es un proceso interno; desde afuera sólo podemos incentivarlos pero no exigirlos. Los objetivos y los tiempos que hay que priorizar son los del deportista y no los del coach.

Motivar es volver al joven deportista dueño de sus objetivos, de sus intereses y de sus luchas. Si tocamos bien la fibra de la motivación, todo saldrá del deportista y el coach sólo tendrá que ordenar su energía, sin forzarlo cuando ve que no la tiene.

Poder transmitir un mensaje de confianza y mostrar un futuro lleno de posibilidades es un don invalorable.

Exigirlos más allá de su motivación actual puede dar resultados en el corto plazo pero en el largo plazo sólo va a dejar el sinsabor de las exigencia y la presión y un enojo hacia la persona que, si bien actuó por su bien, le generó dolor en esa exigencia. Es acá donde el coach puede sentir una enorme ingratitud porque cree que actuó con buenas intenciones pero no fue valorado.

Pero claro, la posibilidad de que el proyecto del deportista no continúe siempre está. Hay que tener claro que esa es una decisión de él y que, si la llega a tomar, no se debió a que el coach hizo algo mal.

El joven tiene que sentirse libre de poder, si quisiera, dejar la práctica del deporte; no tiene que sentirse atado a un mandato. Así puede experimentar que su deseo de entregarse al cien por ciento a su carrera deportiva es auténtico.

Cada joven deportista es diferente. Por su historia, su personalidad y sus circunstancias, puede estar lidiando con temas estructurales de una manera muy original. En la adolescencia, cada vez más larga, los deportistas, por más talentosos que sean, también sufren y dudan de sus capacidades, conocimientos y de su confianza en general. Es acá donde puede ser que el coach necesite ayuda extra para poder comprenderlo. Es mejor buscar ayuda antes que perder la paciencia.

Eso sí: el alto rendimiento es para muy pocas personas; se necesita una matriz psicológica muy especial, con la capacidad de poner un foco fuera de lo común en una sola actividad. No es fácil encontrar jóvenes con estas características, aunque tengan las habilidades y las capacidades técnicas para la práctica del deporte.

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