¿Hiciste un favor y generaste bronca? ¿Tuviste las mejores intenciones pero en vez de gratitud hay enojo? Es un tema difícil y lo mejor es cambiar las expectativas.

Cada vez que ayudamos a alguien se plantea una situación de humillación, en donde una parte puede y la otra parte no puede. Al recibir ayuda, alguien se siente ubicado en una posición de debilidad y necesidad. Una relación que puede ser “simétrica” (por ejemplo, entre amigos) se transforma en “asimétrica” (entre una persona que tiene el poder y otra que no).

Pocas veces pensamos en el que ayudó y en cómo repercute emocionalmente “la deuda” en él.

Lo que yo aconsejo en mis sesiones es que, si queremos ayudar, hagámoslo, pero sin esperar nada a cambio. No tengamos expectativas de retorno, porque hacer favores no es tan simple como creemos y, si realmente esperamos algo, vamos a terminar frustrándonos. Los mejores favores son desinteresados: cuando los hacemos no deberíamos esperar nada, ni siquiera gratitud. 

Se trata de cambiar las actitudes. Del lado del que pide ayuda, entender que en la vida, todos necesitamos de los demás, por lo que no hay razón para humillarse. Del lado del que ayuda, interpretar su acción como algo que se hace con la intención de estar haciendo lo mejor para el otro. Nada más que eso.

Sí, hacer favores es complejo. Hay muchas emociones debajo de la superficie.

Eso sí: en el momento de ofrecer ayuda, es aconsejable que tengamos en cuenta la complejidad de lo que está en juego y asegurarnos de que podemos hacer lo que nos piden; sino, creamos más daños que soluciones. A veces, si consideramos que nuestra ayuda no es buena para el otro y que lo va a hacer sentir peor, es preferible tomar distancia.

Cuando damos algo a alguien, puede pasar que la generosidad termine convirtiéndose en obligación. La primera vez que hacemos un favor, el otro lo considera como un acto de generosidad. La segunda vez, el otro cree que tiene el derecho de pedirnos que lo hagamos nuevamente y lo transforma en una obligación. Por ejemplo, si visitamos a alguien por primera vez y le llevamos algún regalo pero en la segunda visita no llevamos nada, el otro puede enojarse o sentirse ofendido.

Hablamos de un tema delicado, en el que entran en juego muchas variables que tienen que ver tanto con el favor en sí como con la dinámica específica de la relación entre las partes. Por eso, mi primer consejo, a priori, es que cambiemos la manera en que vemos el intercambio, entendiendo por qué puede surgir un enojo que no anticipábamos. Después, evalúo con mi cliente su caso particular para que pueda entender, de una manera profunda, a qué se deben los conflictos que surgen cuando hay favores de por medio.

 

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