Atrás de la idea de “No quiero eso” en realidad se esconde un temor oculto a “No puedo hacer eso”, lo que realmente significa “No sé cómo hacer eso”. Así que la clave del rendimiento es la capacidad de aprendizaje.

El golfista que se enfoca en aprender trasciende los números y las estadísticas y tiene una actitud mental especial durante el juego, en donde comprende el valor de las pausas, las rupturas, los desarrollos y el cambio de ritmo. Aprender es saber encontrar esos momentos de calma en plena acción, sin la ansiedad de la competencia, en donde conectamos con el juego enfocándonos en lo que pensamos y estando al cien por cien vinculados con nuestros deseos.

Contrariamente a lo que podemos pensar, el aprendizaje tiene prioridad sobre los resultados porque los resultados se basan en el potencial de aprendizaje, son una consecuencia directa de un cambio profundo, como mencionábamos antes. Entonces, no tiene demasiado sentido esperar resultados apostando al deseo, el esfuerzo, la disciplina y la metodología, sin una transformación profunda detrás de todo eso.

El aprendizaje requiere tiempo, hay un espacio entre el momento en que nos damos cuenta de qué error cometimos y el momento en que lo resolvemos. La alegría está en esas actividades en las cuales podemos aprender sin apurarnos y sin presión.

Los golfistas que empiezan su carrera a una edad temprana suelen tener el deporte y el aprendizaje integrados, lo que les da una relajación en el momento del juego. Sienten que son dueños de su desempeño, estando completamente presentes en su juego. Compiten con libertad y entran rápidamente en estados de profunda concentración que no les exigen demasiada energía.

Por supuesto, esto requiere esfuerzo, trabajo y capacitación. Los golfistas adultos que sientan que no han logrado esa integración completa del aprendizaje en su juego sí pueden conseguirlo si lo deciden y trabajan en ello.

El que aprende de la experiencia sabe que la mejor apuesta es hacer un esfuerzo. Ahí es donde suceden resultados extraordinarios y los grandes aprendizajes.

Si no hay vocación para aprender, cualquier acción es ciega y nunca vamos a poder hacer que los errores nos enseñen realmente algo valioso.

Rafael Beltrán

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