Si estás en el medio del juego y te enojás, gritás o te quejás, te ponés tenso y eso afecta tu rendimiento. La ira es proporcional a la desesperación por ganar y es una forma de buscar perder el miedo y reducir la presión. El enojo es una versión activa y negativa de la realidad que provoca sufrimiento interior.

Enojarse es bueno siempre que sea un síntoma, como la fiebre o la luz del tablero del auto que te indica que falta nafta. En estos casos tenemos un problema que señala otro problema real debajo. Es un signo o consecuencia de una causa más profunda.

El enojo como síntoma nos advierte que hay algo en lo que tenemos que trabajar. En ese sentido no es malo en sí mismo, siempre que lo entendamos así y no nos quedemos con la sensación y la repetición de la ira sin una reflexión sobre por qué surge.  

Cuando estamos enojados hay algo que no estamos entendiendo o hay un problema que no sabemos cómo resolver. Entonces, cuando no vamos a esa causa profunda, nos confundimos y nos desesperamos. Usando metáforas, no vemos la luz al final del túnel o nos quedamos en el árbol y no vemos el bosque.

Resultados e intentos

El modelo de ira se centra en el resultado y su inevitable frustración, no en el intento. La lógica del fracaso, que ve resultados y no intentos, dinamita la confianza y evita el verdadero desarrollo personal. Muchas veces esto lleva al desinterés y a que el jugador se enoje consigo mismo y no quiera hablar con nadie. Pero esto no debe tomarse en forma personal, porque la soledad es la hermana de la frustración, y es bueno que las personas cercanas hablen con ellos en estos momentos difíciles y que los entrenadores trabajan en la madurez y la comunicación del deportista.

Aprendizaje

Cuando nos enojamos, ocultamos la posibilidad de preguntarnos qué pasa con nosotros, de decir “¿por qué hice eso?”. De esta forma, podemos entender y aprender de la situación. Frustrarse o romper todo son reacciones que surgen cuando malinterpretamos la situación. Te enojás porque no entendés lo que pasa. Una vez que lo entendés, ya no te molesta más. En vez de enojarte, tenés la posibilidad de preguntarte”¿me enojaré o trataré de entender?”. Esta es una actitud a nivel psicológico.  Además de las cuestiones más técnicas, el entrenamiento integral trabaja en tus habilidades mentales para que puedas comprender la situación. Al mejorar tus habilidades de comprensión, podés calmarte, ser paciente y tener confianza para perseverar.

La respuesta está en el entrenamiento, que es lo que te va a permitir entender qué es lo que hay que trabajar. Cuanto más entrenes, más vas a aprender y entender y menos te vas a enojar.

La idea de aprender está ahí porque ves un horizonte de comprensión sobre lo que te pasa. Sabés que llegaste a ese nivel de comprensión cuando sos capaz de transitar un error sin frustrarte ni quejarte. Tuviste una actitud positiva y asumiste tu responsabilidad.

Rafael Beltrán

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