1. Logro versus regalo. Podemos disfrutar realmente algo cuando estuvo, en algún momento, bajo nuestro control. Es más difícil disfrutar las cosas que pasaron por casualidad o que no dependieron de nosotros. Estas cosas no son logros, sino más bien regalos que la vida nos da, y está bien que estemos abiertos y dispuestos a aceptarlos, pero entendiendo la diferencia entre ese regalo y un logro que alcanzamos por un aporte propio.

2. Disfrute y exigencia. Por otra parte, el disfrute es más valioso y profundo que la exigencia por un resultado. Si el disfrute es la prioridad, el nivel de exigencia puede aumentar sin demasiados problemas para nosotros, pero si la demanda por algo excede el disfrute de hacerlo, ahí todo se derrumba y deja de fluir. El disfrute tiene cierta dosis de libertad que desaparece si la exigencia es demasiado alta.

3. Nuestra responsabilidad de disfrutar. Está claro que si deseamos transmitir el disfrute a otro, primero tenemos que darnos la posibilidad de saber cómo disfrutar, que no es algo que simplemente sucede, sino algo que podemos elegir. Somos responsables de tener o no la voluntad de hacerlo. Claro que no todos tenemos los mismos objetivos ni disfrutamos de las mismas cosas, pero sí somos todos responsables de saber por qué nos gusta lo que nos gusta. Es aconsejable que nos demos el tiempo para poder pensar y lograr que la construcción de nuestro futuro se combine con un estado de relajación y disfrute.

4. Disfrute y estrategia. El disfrute verdadero lo alcanzamos cuando lo ponemos en la estrategia y en los medios para llegar a algo, y eso mucho más duradero que el solo disfrute de ganar. Las cosas que más disfrutamos son aquellas en las que no nos importa tanto cómo resultan. La clave es el disfrute y la satisfacción al hacerlas. No por casualidad seguramente sean las que mejores resultados tengan. Es común que las personas que no encuentran la paz y el disfrute en los caminos que eligen tampoco le den demasiado sentido al lugar hacia donde están yendo.

5.Disfrute e impotencia. Si hacemos algo que no disfrutamos porque no le encontramos un sentido a la acción, vamos a terminar haciendo un esfuerzo alienante que nos va a frustrar y a desviarnos de los resultados que estamos buscando. Cuando hay falta de disfrute la impotencia fluye de manera natural.  

6. Disfrute y confianza. Disfrutar de nuestro rendimiento significa también sentirnos motivados, capacitados y preparados para superar cualquier desafío. Sentir que nuestro desempeño es un requisito fundamental para alcanzar un objetivo se transforma en una tortura. Si la necesidad de disfrutar es más fuerte que el deseo de lograr el resultado, no hay dudas de que vamos a actuar al máximo de nuestro potencial.

7. Disfrute y aprendizaje. Disfrutamos de esas actividades en las que podemos aprender sin apurarnos, en donde el proceso de aprendizaje no se hace bajo tanta presión.

Rafael Beltrán

Te puede interesar:

Influís de manera positiva si generás sinergia

 

 

 

 

 

 

 

 

558 visitas

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.