Si para vos la eficiencia es anterior a la eficacia, podés estar en problemas.
La eficacia es la capacidad de alcanzar un objetivo, y la eficiencia, es la de hacerlo optimizando los recursos, al mejor costo posible en dinero y esfuerzo.
Si primero es la eficiencia, sin darte cuenta, te volvés una víctima más del sistema que fomenta el “nirvana laboral”. No importa lo que hay que hacer, lo importante es que sea lo más cómodo, fácil y barato.
Dejás de aspirar a grandes cosas porque el “qué” se tiene que igualar a tu “cómo”.
Las mentes grandes dicen “voy a construir ésto, cueste lo que cueste, si cuesta menos mejor, pero no voy a escatimar en costos en función de lo que quiero”. Las mentes pequeñas sólo pueden aspirar y esperar lo mínimo, en la triste cultura del “zafar”, en “la ley del menor esfuerzo”, que en su versión bendecida se la llama “eficiencia”.
Al darle prioridad al “cómo” por sobre el “qué”, no sólo te preguntas “¿por qué no pasan las cosas que quiero?, sino que ni siquiera sabés que cosas querés, que es hoy el gran drama.
El “qué” que convocaba, era el que te motivaba y no está, sólo queda un “cómo” que ni siquiera sabe ser eficiente.
La eficiencia mal entendida puede hacer estragos en tu sistema motivación.

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