Corrupto es el que Recibe el Dinero

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Estás en la ruta. Un policía te para y vos ya sabés que va a buscar la coima y que, para poder seguir con tu viaje tranquilo y en horario, no te va a quedar otra que pagar si no querés someterte a horas de espera o a pedidos ridículos en la ruta junto con toda tu familia. Muchos piensan que no tendrías que aceptar esa coima porque sino te convertirías en cómplice de la corrupción. Cuestiono este punto de vista.

Es mucho más corrupto el burócrata, por ejemplo, ese policía que te cobra la multa, que el que la paga. El problema cuando hablamos de corrupción es que tendemos a poner a los dos en pie de igualdad. Pero no es tan así, porque el policía se apoderó de las reglas del Estado para beneficio propio mientras que el otro está sumergido en ese sistema que le pide la coima y no puede salir de él. En el momento en que la persona busca la coima, dejó de buscar el bien de la regla, que es cuidarte, y empezó a usarla para su propio provecho.

La base y el origen principal de la corrupción está en el burócrata que forma parte del Estado y se aprovecha de eso. Puede ser un policía o un inspector, un médico, un diputado, el vicepresidente o el presidente. No da todo lo mismo. El rol del empresario o el privado es hacer negocios, no hacer cumplir reglas. El burócrata sí tiene que hacerlo: el maestro educa, el médico cura, el responsable de controlar los trenes del Estado tiene que asegurarse de que funcionen bien para garantizar la seguridad y evitar accidentes. El que abusa de un poder en el que se le dio el cuidado de la regla es el más corrupto y responsable que cualquier otro. 

Si no lo hago yo, lo hace otro.

¿Qué le hace una mancha más al tigre? Es nada comparado con la plata que se mueve en otros niveles

Mi sueldo no me alcanza.

Es para recaudar para la campaña

¿Cuántas veces escuchamos estos argumentos pobres y mediocres?

En la medida en que ponemos en pie de igualdad al burócrata y al privado, los dos se transforman en cómplices, y los dos están obligados a cubrirse. Y si están obligados, a cubrirse, están escondidos y vos no podés ver la corrupción. Un círculo vicioso que agranda el problema.

Aunque nos duela, si sos un empresario y estás en Argentina, tenés que hacer negocios con corruptos. No es un atributo tuyo, sino tiene que ver con la realidad del sistema en el que estás trabajando. Vos tenés que adaptarte a las características del sistema para poder moverte en él.

Si pensamos con la lógica de la igualdad de la corrupción no vamos a poder salir del problema porque nos metemos todos en la trama corrupta y no tenemos escapatoria. Si las empresas se aprovechan de los recursos naturales baratos o de la mano de obra de otros países para fabricar determinados productos, pensamos, con culpa, que como compradores de esos productos somos cómplices necesarios. Creemos que, si nadie comprara ese teléfono no tendríamos problemas ambientales ni trabajadores explotados. Somos todos iguales porque, estando al tanto de la corrupción, hacemos la vista gorda. Con la lógica de la igualdad, si sos parte necesaria, entonces sos tan corrupto como los demás.

Pero pensándolo bien ¿realmente creés que uno es tan corrupto como el otro?

¿La culpa mayor, en todo caso, no la tiene el terrorista que le vende el cobalto barato a las empresas productoras y se aprovecha de su población sometida y vapuleada por una guerra civil?. La realidad es que las empresas que fabrican los teléfonos están obligadas a comprar el cobalto adonde esté más barato. La empresa no es responsable de que otro país explote a su población.

Cuando la burocracia no es corrupta, no hay espacio para que el privado lo sea. El mismo argentino que acá ofrece una coima, no hace lo mismo cuando viaja a Estados Unidos porque sabe que no puede corromper a las fuerzas de seguridad de allá. El poder del policía es total y su autoridad es muy fuerte. El policía que roba en los Estados Unidos sufre consecuencias gravísimas por parte del Estado. El sueco no es corrupto en Suecia, pero viene a la Argentina y se corrompe, como en el Caso Skanska.

EL ¨PSEUDONEGOCIO¨ DEL BURÓCRATA 

El mensaje que debería dar el Estado es: ¿Querés plata y ser recompensado por tu trabajo? Entonces trabajá con responsabilidad y seriedad, como un privado que hace negocios, no como un burócrata que saca dinero de manera desleal como si fuera un ¨pseudonegocio¨ del Estado.

En un negocio hecho y derecho ambas partes están en pie de igualdad, arriesgan, ganan o pierden, son libres y eligen hacer la transacción con un abanico de opciones. El burócrata, en cambio, al apoderarse en beneficio propio de las reglas, tiene el poder de ser la única opción por donde el privado, empresa o ciudadano, está obligado a pasar.

En los negocios no hay reglas, hay negociaciones o acuerdos y en la medida que logran consenso están bien, no pasa por una cuestión de moralidad. Con las reglas del Estado es distinto, sí hay una norma moral, y el romperla es grave y perjudicial para todos.

LOS PRIVADOS Y SU NIVEL DE RESPONSABILIDAD

Aunque, como dijimos antes, cualquier nivel de privado es menos responsable que el burócrata que usufructúa el poder de las reglas del Estado para beneficio propio, los privados tienen su participación en la trama, aunque no con la misma responsabilidad. Podríamos distinguir cuatro niveles, en donde el primero es más y el último menos responsable:

  1. El ciudadano o empresa que quiere desarrollar un negocio aprovechando la corrupción, y sólo puede hacerlo con la complicidad del burócrata. Es el empresario o pseudo empresario oportunista que se mueve con un nivel de corrupción muy alto
  2. Le sigue el privado que suele hacer negocios con el Estado y le gustaría poder hacerlos sin tener que pagar para desarrollar su negocio, pero como el sistema está planteado, no le queda otra que entrar en la trama corrupta. Este sería el caso intermedio
  3. Después tenemos al privado víctima total de la corrupción estatal que recibe la visita, el apriete o la amenaza y extorsión directa del Estado y está obligado a pagar para no sufrir un perjuicio si no acepta
  4. Por último, están los mártires de la sociedad que no aceptan la extorsión de la burocracia y pagan el costo del apriete

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?

Si tuviéramos que romper con el esquema de corrupción que tanto nos afecta como sociedad, la solución pasa por la justicia. Propondría que los legisladores diseñaran un sistema en donde el privado siempre se pueda arrepentir sin pena y el burócrata asuma toda la responsabilidad.  Así se rompería la cadena de frío de la complicidad. La corrupción del Estado tiene que liberar de responsabilidad al privado para que el privado lo pueda denunciar y así romper con una trama perversa.

El Estado tiene que dar un mensaje contundente y decir: el que corrompe va a terminar preso. Si robás o sacás una ventaja valiéndote de las reglas del sistema, estás en problemas.

Rafael Beltrán

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