El problema es ver al problema como un problema

Administrar nuestros problemas es administrar nuestro crecimiento. Dicho de otro modo, nuestra capacidad de crecimiento está directamente vinculada con nuestra capacidad para resolver problemas. Si no aprendemos a manejar problemas, no alcanzamos objetivos y no evolucionamos.

Entonces, cuanto más fuertes y complejos son los problemas para resolver, mayor es el crecimiento y el rendimiento que obtenemos. Si elegimos evitar los problemas, lo hacemos al costo de no avanzar.

Para pensar: si no hay problema, no hay solución.

El problema es un camino que nos lleva a fortalecer nuestra inteligencia y a desarrollar nuestra capacidad de adaptación. Y el camino se transita caminando. No afrontamos un problema si lo subestimamos tratándolo de tonto o superficial, si queremos sacárnoslo de encima sin resolverlo o si lo manipulamos tratando de resolverlo sin entenderlo. Muchas veces, evitamos conflictos para mantener nuestras relaciones, pero los vínculos saludables toleran un cierto nivel de conflicto, como las diferencias de gustos o pensamientos.

El problema supone un conflicto

Enfrentar un problema supone un conflicto. Para resolverlo, hay que asumir el costo del conflicto. El gran “resolvedor” de problemas se siente cómodo en ellos. Los ve como una zona confusa, desafiante y compleja en la cual tiene que meterse y navegar. Sabe que en la otra orilla hay un tesoro enterrado. Lo experimenta como un desafío. No es que sea conflictivo o que busque activamente el problema, sino que entiende las reglas del juego y así puede jugar más suelto. No tiene una fobia a los problemas ni quiere huir de ellos. Los asume, asume sus costos y toma las decisiones que ese problema le demanda. Crece.

El problema exige una toma de decisión

Los problemas se resuelven tomando decisiones. Detrás de un problema, seguramente, haya una decisión que no se está tomando. Visto de esta manera, ¿cuál sería el problema? Es una oportunidad para actuar, decidir, cambiar y crecer.  La parálisis o el aislamiento son síntomas de un problema que, al final del día, termina siendo un gran aliado que nos codea para movilizarnos.

Rafael Beltrán

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