Cuando descubrís que mentalmente no estás jugando bien al golf, es muy probable que tampoco estés muy equilibrado en tu vida.  Por eso, decimos que el golf permite el autoconocimiento.

El registro

Entonces, cuando detectamos que algo no anda bien en el juego, el primer paso es trabajar la mente. Primero, hacer un diagnóstico para conocer el punto de partida, y segundo, desarrollar el autoconocimiento. Para esto, el entrenador ayuda al deportista a distinguir los sentimientos, que son sentidos instantáneamente por el cuerpo, de los pensamientos. Descubrir dónde se unen es lo que permite alcanzar la coherencia y la consistencia de todo tu sistema mental.

¿Te das cuenta antes de golpear la pelota cómo estás? ¿O solo “sale”?

Algunos jugadores son conscientes de sus impulsos durante el 100% de su juego, otros en el 50% y otros en el 10%.

El gran objetivo de la psicología del golf es llegar a la excelencia en el momento previo al golpe: la sensación, la sincronicidad, la sensibilidad, la estabilidad y la relajación. Es decir, llegar a un estado de conciencia en el que todo nuestro ser está metido en el hoyo. Como dicen en inglés, being a whole with the hole.

El rendimiento máximo se logra cuando los jugadores aprenden a identificar sus sentimientos antes, durante y después de la competencia para analizarlos con cuidado y después reemplazarlos por convicciones bien pensadas. Entonces, antes de hacer una jugada, el deportista registra lo que está sucediendo dentro suyo. Después de eso, la idea es pasar al estado que uno quiere experimentar, o sea, hacer el cambio mental.

Cuando hacemos esto, las emociones basadas en la confianza surgen más fácilmente. Pasándolo en limpio: estamos hablando de un proceso de dos pasos: primero, examinar la situación y ver qué está pasando antes, durante y después del golpe; segundo, trabajar conscientemente en el cambio. Por supuesto, no es algo fácil: la mente se resiste a ver sus propias limitaciones.

Concentrarse en el resultado y esperar ganar antes de la competencia altera la concentración del jugador. Los resultados están definidos por los estados mentales, no al revés. Lo que realmente importa es enfocarse en el juego. El deseo de ganar o de eliminar es simplemente un disparador para enfocarse en el juego.

El sentimiento nervioso 

Al estar más conectados con nuestro interior, respetando nuestros propios ritmos y registrando lo que vamos sintiendo, podemos esperar hasta que aparezca el sentimiento nervioso para procesarlo, tratarlo y esperar que se vaya para ejecutar con calma y confianza. En ese momento de angustia, lo ideal es no alterarse, sino aceptarlo y esperar que se vaya y después jugar tranquilo y confiado.

El enojo

Ser conscientes es más beneficioso que enojarnos. El enojo surge cuando no podemos tolerar el error y estamos obstinados en aferrarnos a nuestro propio esquema de excelencia que creemos infalible. Para superar esto, y vinculado con lo que marcamos antes, hay que estar al tanto de qué es lo que pasa antes de que fallamos. Cuando detectamos eso, podemos aceptar el error y estar abiertos a cambiarlo.

Los indicadores 

Los sistemas más evolucionados consideran más cosas y tienen más indicadores para estar al tanto de lo que está pasando. Es más fácil manejar una situación con menos indicadores, pero es más costoso y es poco realista. No tener en cuenta los indicadores no significa que las cosas no estén pasando, significa que no sabemos, y por lo tanto no entendemos, lo que realmente está pasando. Y entonces, tenemos menos herramientas para manejarnos y solucionar los problemas.

La actitud correcta 

Buscar la explicación es una conducta positiva, incluso si no la encontramos. Es aconsejable que hagamos un esfuerzo en tratar de entender lo que aparentemente es ininteligible. Para esto, debemos tolerar la frustración y animarnos a la idea de enfrentar un misterio. El trabajo mental exige que el jugador se involucre. Esto significa hacer preguntas, incluso si no tenemos todas las respuestas. Lo que no se entiende con la mente, cuando todavía falta la mejor respuesta, se puede abordar con, al menos, una hipótesis. Incluso eso es un enfoque superior a la negación o inacción.

El vínculo con los otros 

Existe un vínculo entre el autorregistro y la posibilidad de registrar al otro. Cuando uno tiene confianza, conoce el poder que tiene y reconoce los logros individuales. Si el reconocimiento externo no se filtra a través de un reconocimiento interno, es solo una manera fácil de tomar de afuera lo que no podemos resolver adentro.

El trabajo con el entrenador

El estado mental se refiere al nivel de consistencia y conciencia que los golfistas tienen en sus mentes. Este estado influye en la competencia y varía de un juego a otro. Para poder influir de manera positiva, el entrenador, junto con el jugador, tienen que considerar muchos factores: la relajación, la confianza, la concentración, la capacidad de calmarse, registrar emociones, comprenderlas, etc.

Una mente bien preparada no es un estado natural, sino el producto de un trabajo que requiere tiempo y esfuerzo. No podemos hacer “como si” estuviéramos en un estado mental. Lo ideal es llegar a un estado de excitación controlada en donde conectamos con nuestro impulso y desarrollamos la confianza en nuestras capacidades y posibilidades.

Entrenar la consistencia 

La consistencia se entrena antes de competir, para que el deportista después sólo se tenga que concentrar en sentirse bien y en intentar dar lo mejor de sí sin pretender ser estable. De esta manera toma el control de su mundo interior al mismo tiempo que va ganando consistencia. La consistencia se practica con ejercicios para tolerar la frustración, donde podemos controlar lo que no se controla naturalmente. Por ejemplo, jugar ping-pong nos permite lidiar con fallas a corto plazo.

El ejercicio que se realiza en la mañana del partido debería permitir a los jugadores ver cómo se sienten, que registren su estado mental para que puedan alcanzar el punto que les permite rendir al máximo.

Rafael Beltrán

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