¿Cómo Manejás los Nervios?

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Para comenzar a tranquilizarse, primero hay que vincularse con los nervios que estamos sintiendo en esa situación particular, que pueden ser muchos o pocos. Estos nervios, son como un bebé que llora y que para calmarse necesita que se lo acaricie suavemente. No sirve de nada hacer de cuenta que el bebé se encuentra sereno porque su llanto acaparará nuestra atención con más fuerza. De la misma manera, no es lo mismo hacer de cuenta que uno está calmo que encontrarse realmente en armonía. 

A veces tapamos los nervios con actitud. Creemos que con la garra podemos superar nuestro estado de miedo, de tensión. Entonces, pretendemos autoconvencernos de que estamos bien, y en realidad no lo estamos. Empezamos a jugar “como si estuviéramos” tranquilos, y en realidad no lo estamos. Claro que ni bien empieza el partido, esos nervios que estaban tapados. Se ven plasmados en el rendimiento y las cosas no salen como uno lo esperaba porque resulta que no estábamos tranquilos. Termina siendo peor, como suele suceder con todas las cosas negadas. Al vernos nerviosos, cuando creíamos que estábamos tranquilos, nos asustamos mucho más que si enfrentamos los nervios de entrada. 

Al miedo y a los nervios, hay que aceptarlos, mirarlos de frente. Para tranquilizarnos debemos entrar en contacto con esos nervios hasta que cedan y se tranquilicen.

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