¿Cómo manejás la disrupción?

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La disrupción ya es violenta de por sí porque es nueva. Además, trae un cambio, que en general lo percibimos como violento. Entonces, ¿cómo la manejamos? El desafío está en cómo plantearla. Lo aconsejable es hacerlo de una manera contenedora y sutil. Si al cambio, que ya de por sí es duro, lo queremos imponer, es violencia sobre violencia.

Cuando nuestra capacidad de comunicación es limitada y no podemos entusiasmar al otro con una propuesta de valor novedosa, creemos que la única salida es forzar o imponer. En general, lo hacemos con el modo, violento o sabelotodo, en casos en donde no siempre es mejor pedir perdón que permiso.

Lo disruptivo hay que manejarlo con mucho tacto y ser estratégico para que la propuesta no se vuelva una imposición. El comunicador tiene que tener la capacidad de mantener el respeto por la libertad del que tiene que escuchar o asumir el cambio, entendiendo que el otro tiene el derecho a decir que no.

La mayoría de las veces pensamos que imponemos obrando por el bien del otro. “Te lo digo porque te conviene, porque sé que tengo razón, entonces tengo el derecho a imponértelo”. En general, todas las ideas que tenemos las consideramos válidas.

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