COACHING

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El especialista en Psicología de Negocios se diferencia de la Psicología Laboral, Organizacional o Empresarial en tanto que las últimas están dedicadas al éxito de las organizaciones, mientras que la Psicología de Negocios busca el desarrollo y beneficio de la persona que quiere mejorar su situación, perspectivas y rendimiento, superándose, sin tratarse de patologías. Esto significa que puede crecer en la institución en la que se encuentra, cambiar a otra o crear su propia empresa, y, en caso de que sea un empresario, puede hacer con su empresa lo que le resulte más conveniente.

El especialista en psicología de negocios entiende el punto de encuentro entre el dinamismo psicológico profundo y las reglas de negocios. Se acude a este tipo de psicología para concretar las ideas de negocios que se saben, pero que por limitaciones psicológicas no se pueden poner en práctica. El especialista se enfoca en la perspectiva futura, en la lógica predictiva, no busca aumentar el nivel de conciencia del pasado y las consecuencias de éste en el presente, ya que del análisis del pasado no se puede entender el comportamiento porque está determinado por un desconocido llamado inconciente que no da las herramientas para ser protagonista en la creación de visiones, por eso hay que entender la relación de la mente con el futuro.

El psicólogo es alguien desinteresado con quien validar las ideas, ordena y ayuda en el ejercicio de pensar, porque cuando el que piensa es el que tiene que ejecutar, entonces piensa menos o mal.

Decir “Este es un problema de motivación”, no significa que se entienda qué es la motivación ni lo que le está pasando a aquel que aparece desmotivado. Lo mismo ocurre con liderazgo, depresión, compromiso y otros conceptos que no dejan profundizar en las realidades concretas, enmascarando una situación que no se comprende. En lugar de traer luz, anulan la posibilidad de mejorar o solucionar esa situación particular. Es más fácil decir “tiene depresión”, que comprender qué es lo que le está pasando a esa persona en particular. Antes de curar a un paciente hay que contemplarlo.

La psicología de negocios no entiende estos conceptos – liderazgo, motivación, etcétera– como causas, sino como consecuencias de los paradigmas profundos del modo de pensar los negocios, sirven únicamente para abordar las situaciones específicas. Hay conceptos que esconden significados opuestos; algunos defectos o características inmaduras suelen describirse de manera elegante como si fueran virtudes, y por eso es necesario ir a sus esencias para discriminarlas y entenderlas. Vincular a la responsabilidad con la seriedad y la preocupación es un típico error que limita la posibilidad de jugar, tan importante en los negocios. El empresario trabaja porque tiene ganas no porque siente culpa de no estar trabajando dentro del marco de un horario.

Todos saben lo que tienen que hacer para que les vaya bien en su vida de negocios, pero muy pocas pueden llevarlo a cabo, ésta es la limitación psicológica en la que trabaja el psicólogo de negocios. Se especializa en los modelos de pensamiento que definen los cursos de acción para construir la visión y concretarla, ayuda a romper las estructuras y los límites autoimpuestos.

Entiende, además, la lógica de las dificultades que no dejan hacer lo que se quiere. Lo que se conoce como “falta de voluntad” es un fenómeno mucho más complejo que, una vez entendido, lleva a la solución del bloqueo mental, la desmotivación y la parálisis que impiden el desarrollo.

El proceso que se inicia con un psicólogo de negocios es un proceso de cambio, y expone al asesorado a procesar altos niveles de frustración y a perseverar. En un proceso de coaching la persona tiene que elegir hasta qué niveles de autoconocimiento quiere llegar, cuánta verdad quiere ver de su propia vida, cuánto quiere sincerarse y dejar de engañarse.Se compra el crecimiento propio, no el tiempo del profesional.

En coaching, decirle a una persona que deje de hacer lo que está mal y no le funciona, que se dé cuenta de eso, no es tan difícil de lograr como que empiece a hacer lo que sí funciona.

Después de un asesoramiento, el asesorado se da cuenta de que es capaz de producir un cambio transformador en su vida y aunque en un principio suele enojarse por todo el tiempo que perdió en el pasado, no está dispuesto a quedarse en lamentos.

El psicólogo de negocios ayuda a pensar, a desarrollar un sistema de reflexión que le permita a su asesorado entender más y mejor la realidad de su negocio y a sí mismo. Éste no necesita que su psicólogo le diga qué hacer, la cuestión es que vea las diferentes opciones; ante un problema, el psicólogo, le ofrece dos o tres alternativas, y él decide. Lo ayuda a detectar las propias claves del éxito para conocerlas, manejarlas y repetirlas a voluntad. Así como se centra en maximizar las capacidades del cliente para potenciar el desarrollo profesional.

Las cosas se pueden decir de tres maneras diferentes: la primera es decirlas desde el pecho, el contenido queda desfigurado porque se dice con carga negativa; la segunda es verificar dos veces si la propia opinión es la correcta; y la tercera es darse cuenta que al marcar errores al otro se le quita confianza. El problema radica en cómo hacer entender al otro, que no quiere entender, sin ser rudo.

No se trata de ser cómplices de los autoengaños, sino que se enfrenta al cliente con sus patrones de autoengaños para revisar su lógica aplicada en la lectura de las situaciones. En el mejor de los casos se trata de dar tiempo para que cada cual pueda procesar sus cambios. Se lo lleva a pensar de un modo cada vez más riguroso y profundo. A través de preguntas, se lo guía para que haga sus propias elaboraciones, se lo ayuda a conocer sus propios mecanismos mentales para manejarlos, pero no se le dice lo que tiene que hacer, sino cómo son y funcionan algunas cosas según su naturaleza. El psicólogo puede ayudar al asesorado a pensar su vida, pero no la puede pensar por él; lo que tiene que lograr es que él la piense. No está para hacérsela fácil, sino para hacérsela grande.

El psicólogo de negocios no sólo escucha, sino que también da consejos claros en función a su experiencia en negocios. Le hace ver a su asesorado cómo funciona su sistema motivacional, para garantizar los niveles de entusiasmo, de percepción positiva y de conexión con sus capacidades. Pone a la persona directamente en contacto con su capacidad de pensar y con su confianza en que puede lograr lo que quiera; lo anima y alienta para que pueda desarrollar su potencial y su capacidad de confiar en el dato de otro, y que ese dato sea más válido que el propio. Algunos con el asesoramiento de otros confían demasiado.

La autosuficiencia es terquedad y falta de humildad.

El psicólogo de negocios trabaja a nivel de la creación de la visión, a partir de cada estructura mental, y del análisis de las situaciones que se generan en los intentos de desarrollo. Es un asesoramiento a medida, en función de las particularidades de cada empresario, profesional o ejecutivo.

El cambio altera la sensación de bienestar al sacudir los viejos hábitos y patrones de pensamiento arraigados. El psicólogo de negocios, ayuda a procesar la inestabilidad que produce el cambio del crecimiento, brinda métodos para reducir y controlar la ansiedad durante todo el proceso, ayuda a ver los tiempos de adaptación, para poder tener paciencia y perseverar. Trabaja en el desarrollo de la confianza para superar los obstáculos, y para que alcance lo que quiera o se proponga.

El psicólogo de negocios funciona como un socio virtual, da apoyo, comparte y discute ideas como un socio real pero de una manera más distendida, relajada y desinteresada.

Las cosas que molestan de un psicólogo suelen ser sus silencios, la indagación del porqué, que lo adivine, no sentirse comprendido, que no profundice en toda la persona, la soberbia, que adivine problemas que no existen, que hable demasiado, que diagnostique sin datos, que diga lo que uno quiere escuchar, que no cambie los turnos que uno quiere, el poco tiempo, que diga lo que hay que hacer, que no siga el hilo del proceso, el abandono, la invasión por fuera del proceso, que no respeta las decisiones ni los tiempo de uno, que agrande los problemas, se haga el amigo y no comparta su intimidad, entre otros ejemplos.

Cada uno debe hacer bien una parte. Pretender querer hacer todo uno mismo es un error típico de los que quieren más pero terminan con menos. La construcción de la confianza y la motivación en uno apuesta al mediano y largo plazo: no es posible obtener resultados inmediatos.

La ilusión de autosuficiencia termina generando dependencia y pérdidas. Es uno de los errores más caros y es fruto de la incapacidad de dejarse ayudar. Lo que no se puede negociar no se negocia y se minimiza la perdida.

Aunque a nadie le gusta que le expliquen cómo funciona su negocio, porque la mayoría padece la omnipotencia, dentro del problema de no dejarse asesorar al poder lo tienen aquellos profesionales, empresarios, deportistas, etc., que tienen la humildad de reconocer que están fuera del foco de la conciencia, que no pueden ver su realidad tal como es, y que creen que otro puede estar viendo algo que ellos mismos no ven y que los puede ayudar; son permeables a la sugerencia de alguien válido que supere la subjetividad de sus limitaciones, especialmente cuando están vinculadas a la desconfianza y a los miedos. No es lo mismo la transformación y el impacto que se ve de afuera que lo que uno cree que transforma en la realidad. Muchos temas quedan atrapados en conceptos que dan expectativa de control. Fenómenos complejos se creen comprendidos por el sólo hecho de pronunciar una palabra. Se trata de confiar, entregarse; la energía mental la define la capacidad de hacer sinergia con otros y de potenciarla, para esto están los asesores en los que se confía, a los que no hay que obedecer pero sí tener un nivel de apertura que haga una sinergia real.

La energía que se despliega al inicio de un negocio parece alcanzar para resolver todo, pero la sustentabilidad de una empresa está apalancada en el buen asesoramiento en los diferentes aspectos del negocio. El que está encerrado en sí mismo no deja espacio a las consideraciones de los demás, desaprovechando oportunidades por no poder controlar sus impulsos negativos para detenerse a pensar. Ve la realidad de una manera necia, sin la flexibilidad de permitirse encontrar un margen de error; y cuando este aparece, se siente drásticamente descolocado. Debe asesorarse para evitarlo.

El hombre de negocios se siente una parte importante de un sistema mucho mayor, se siente un instrumento movido por algo superior que le indica el camino. Esto deriva en su humildad de no querer hacerlo todo. El hombre de negocios está bien asesorado, no es autosuficiente. Aprovecha los conceptos de otros para potenciar los propios, tiene la capacidad de dejarse asesorar. Puede pensar junto a los demás, generar razonamientos sinérgicos, procesar el miedo que genera el cambio y llegar mucho más lejos trabajando con otros. Las ideas se comparten o se llevan a cabo.

El inicio, la continuidad y el fin de un negocio están signados por la calidad de asesoramiento que se recibió, y por la capacidad de rodearse de asesores de excelente nivel. Es importante anticiparse y contar con los especialistas indicados según el tipo de negocios, y no buscarlos recién cuando se presentan las crisis, que ocurren por no contar con los asesores adecuados; su urgencia no da el tiempo necesario para buscar a los mejores y se termina recurriendo al primero que aparece, con las consecuencias lógicas de una decisión de este tipo. La situación se agrava por el costo de estos servicios, que por tratarse de resolución de urgencias resultan más costosos que los que pagan aquellos que, habiendo anticipado las contingencias del negocio, cuentan ya con los asesores indicados.

El hombre de negocios cuenta con un grupo de confianza en quien descansa y se siente seguro.

El asesor debe dar sus recomendaciones sin alterar el instinto del hombre de negocios. Tiene que hacer que siga su instinto de negocios más allá de los riesgos a afrontar. Muchos asesores se olvidan de que ese hombre hace rato que viene generando riquezas con su negocio, que lo conoce, que lo entiende y que ha superado muchos obstáculos más allá de los riesgos.

En el vínculo con el hombre de negocios, el asesor presenta dos aspectos que deben estar debidamente balanceados: por un lado, el argumento; y por el otro, la incondicionalidad. Para poder argumentar tiene que haber garantizado incondicionalidad al negocio; es decir, dar la garantía de la incondicionalidad da vía libre para argumentar.