La vida está hecha de cambios y de ciclos, y esto pasa incluso en los negocios, en donde hay etapas de crecimiento en las cuales trabajan áreas más productivas y también otras que se encargan de armar espacios recreativos, en un balance que mejora los resultados. En el mundo de los negocios, entender esto es poder actuar más estratégicamente para aumentar los ingresos y mejorar los vínculos con clientes, socios y otros actores relevantes.

Ahora, es más difícil manejar este tema en el mundo personal, del día a día. Cuando uno no se da cuenta o no toma conciencia de que la vida está permanentemente ciclando, puede enredarse en altibajos profundos y en estados de ánimo de tristeza y confusión. Cuando entendemos que en la vida a veces las cosas salen como queremos y a veces no, que hoy podemos estar arriba y mañana abajo, que no podemos controlar todas las variables, entonces podemos manejarnos mejor, tener herramientas para vivirlo con responsabilidad y hasta con cierta plenitud, más preparados.

Ciclos cortos y largos

Si cuando estás arriba creés que siempre vas a estar bien (el famoso “dormirse en los laureles”), y cuando estás mal pensás que nunca vas a salir de ese estado, entonces quedás atrapado en ciclos lagos, altibajos muy marcados que te llevan a desequilibrarte. En cambio, si sabés que cuando estás bien después podés no estar tan bien, y viceversa, tus ciclos son más cortos y estás más tranquilo, equilibrado, en control de tus emociones y de tus situaciones cotidianas.

Las herramientas que nos ayudan

Sabemos que negar los cambios de la vida personal y laboral es una actitud que inevitablemente nos va a llevar, en mayor o menor medida, a un desequilibrio emocional. Pero todos tenemos herramientas para estar mejor preparados para enfrentar una vida complicada, llena de desafíos, hoy sobresaturada de estímulos y de información.

Tener proyectos futuros, ganas de superarse, una imagen en la cabeza que siempre busque la mejora de nuestra persona y de nuestra vida, nos ayuda enormemente a estar más fuertes y confiados para surfear las olas que nos llegan. Tener una vida responsable es hacernos cargo, entender que la vida está hecha de cambios, de imprevistos, y que la responsabilidad es poder armar estrategias que nos levanten el ánimo y refuercen nuestro entusiasmo cuando lleguen los momentos duros. Y también es ser conscientes de los cambios, estar atentos, para poder verlos en la distancia cuando sea posible. Esto nos ayuda a ir anticipando los ciclos y “ciclar” menos violentamente, no subir y bajar en la marea sino poder tener las herramientas para armar nuestro barco y ser los capitanes que lo pueden manejar para navegar más tranquilos.

Rafael Beltrán

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