¿Tenés el carisma para mirarlos desde abajo?

En un sentido religioso, el carisma es un don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad. Aplicado a la vida diaria, el carisma se define como “ la especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar”.

Pero, más allá de la confianza, simpatía, extroversión y don de gentes que podemos vincular con el carisma, el carismático tiene un vínculo muy particular con sus problemas.

Las personas carismáticas están arriba de sus problemas.

Tienen un resto anímico y un temple que hace que manejen el problema y no que el problema los maneje a ellos.

Pueden tener carácter, pero difícilmente los veamos desencajados en un conflicto. No se quiebran frente a los problemas. Ni rodeados de problemas, ni enredados en ellos: por encima. El carismático construye un aura que lo hace resistente a las balas. Pareciera que, en el medio del ojo del huracán, se permitieran una sonrisa.  

Los políticos y sus problemas

Podemos hablar de psicología política para entenderlo mejor y llevarlo a un caso extremo.

Muchas veces, ciertos personajes políticos se ven envueltos en casos de corrupción. Las pruebas son contundentes, pasan por banquillo y el fallo los lleva a la cárcel. Si se trata de un carismático, es probable que se dé una situación particular: la sensación es que no es él/ella el que está atrás de las rejas…sino el resto de la población. Porque el carismático lleva la libertad donde esté. El carismático jamás está preso, porque ve el problema desde arriba. Puede pasar, de hecho, que el paso por la cárcel incluso le dé un carácter mítico al personaje.

Con su carisma, el político puede afrontar situaciones muy delicadas, como  negociaciones con grupos conflictivos, sin quebrarse y sin sufrir consecuencias que puedan hacer temblar la estructura de su gobernabilidad.

El carisma y la posesión

El carismático tiene un vínculo con la posesión muy particular. No se define por lo que tiene, sino que está “poseído” por su propio espíritu. La conexión consigo mismo trasciende la materialidad, que incluye objetos físicos y también personas. Puede tener posesiones que valen muchísimo dinero, pero su espíritu es infinitamente más importante y valioso que su patrimonio. 

 

 

Rafael Beltrán

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