¿Realmente somos “abiertos”?¿Cómo y cuándo nuestras convicciones pasan a ser rígidas? Es algo más dinámico que estructural, que tiene más que ver con los otros que con nosotros mismos.

En muchas de mis sesiones noto que a mis clientes les cuesta reconocer que son cerrados con respecto a determinados temas. Claro, si fuera tan fácil, todos nos abriríamos sin problemas y éste no sería un tema tan frecuente en mis consultas.

Pero ¿qué es exactamente la apertura mental? Escuchamos el término muchas veces, pero ¿podemos aplicarlo realmente a nosotros mismos?

Ser open-minded es mas dinámico que estructural. Es lo contrario a ser cerrado, lo opuesto a una postura basada en reglas estereotipadas y subjetivas que no admiten posibilidad de revisión.

La apertura se mide de acuerdo a nuestra capacidad para poner en duda nuestras ideas y de ser permeables a considerar lo que el otro tiene para aportarnos. Es la posibilidad de considerar el otro punto de vista y de estar dispuesto a cambiar el propio o a enriquecerlo. Significa darnos la oportunidad y el espacio para considerar que, a lo mejor, estamos equivocados o que podemos pensar algo mejor o desde otro enfoque.

Abrirse es poder recalcular dinámicamente, aquí y ahora, en tiempo real, cuando nos enfrentamos a cuestionamientos ajenos.Para medir nuestra apertura, podemos “calcular” nuestra velocidad para responder a los cuestionamientos que surgen de un encuentro con otro. Eso es lo que realmente nos hace “ricos” como seres humanos: ricos en perspectivas diversas.

Es habitual que detrás de la supuesta “apertura mental” se esconda la inseguridad.  Nos aferamos a nuestras convicciones como a un salvavidas de plomo que, muchas veces, no puede salvarnos del naufragio. Las convicciones son buenas…hasta que se vuelven rígidas

Sí, suele pasar: el más abierto es el que el se cree mas cerrado, y viceversa.

 ¿Cuál es tu respuesta a la alteridad? Porque, cuando se me acerca una idea, yo puedo tomarla fríamente y defenderla en mi fuero interior, encerrado en mis estereotipos. Pero cuando se me acerca un otro que respira y que late, un otro que es rico y complejo, que me interpela y que cuestiona mi postura, que me hace ver las cosas de otra manera…ahí se pone en juego mi grado de apertura.

¿Cuándo podemos darnos cuenta de que no estamos siendo abiertos?

a) Si para cambiar nuestro punto de vista nos tienen que convencer de modo absoluto, la apertura es baja

a) Cuando no logramos convencer al otro de nuestro punto de vista

b) Cuando lo que pensamos no está validado en la realidad de la experiencia

c) Cuando los resultados son malos (producto de que los estamos pensando erróneamente).

d) Cuando, al exponer nuestra verdad, no es validada por la mayoría. Esa validación es síntoma de que nuestras ideas tienen una sana racionalidad. Esto nos garantiza que no estamos cometiendo el error del pensamiento solitario o solipsista.

e) Si no puedo dialogar y pensar junto con e, otro, amalgamando las ideas.

f) O si sólo puedo hablar de lo que estoy seguro o entiendo cabalmente.

Es decir, sólo descubrimos que somos cerrados cuando no podemos hacer funcionar las cosas. Es el momento, entonces, de cambiar la actitud y de permitirse escuchar la opinión de un profesional que pueda convertir ese obstáculo en una verdadera oportunidad para potenciar nuestra eficiencia. Podemos cambiar nuestra apertura mental. Para eso, tenemos que abrirnos.

¿No está pasando lo que querés? Bueno, tal vez estás siendo cerrado y sea el momento de abrir la cabeza. 

¿Querés consultarme sobre este tema? Tu opinión me interesa.
54 9 (11) 4147-5033 rb@psicologiadenegocios.com

 

 

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