Aceptar las diferencias

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Si hay algo que todos tenemos en común son las diferencias. A pesar de que creamos tener muchas coincidencias con alguien, siempre vamos a encontrar características distintas. Pero… ¿qué hacemos con ellas?

Cada forma de ser está acompañada por una historia e incluso por un futuro que aún no conocemos. Por eso la idea de que pensemos todos igual es un poco ridícula. De hecho, cada uno es diferente de sí mismo en el tiempo. Aunque seguimos siendo los mismos, somos diferentes. Sin embargo, no nos resulta fácil aceptar esto porque tenemos una fantasía de que somos iguales. 

Algunas veces podes sentir que la distancia con alguien es aún más grande porque no podes ponerte de acuerdo. Esto podría estar provocado por problemas en la comunicación. La única solución es abrirnos a hablar y sobre todo a escuchar. Esto nos permitirá comprender, respetar e incluso enriquecernos y disfrutar de lo que es distinto a mi.

¿Pero que pasa si ni siquiera la comunicación nos permite acercarnos? Una estrategia útil es tomar distancia. Separarse hasta el punto en que uno pueda llevarse bien con el otro. Basando la relación en el respeto y en la aceptación de las limitaciones cada uno. Por que respetarnos, también implica admitir que hay personas a las que es difícil llegar, incluso con buenas intenciones. 

Los que creen que todos tienen que pensar de la misma manera, no logran abrirse al diálogo, y quedan varados en pensamientos extremistas. Y cuando esto sucede, aparece la ira y el enojo. Si no reconocemos las diferencias tendemos a ver todo como bueno o malo, y ese es el caldo de cultivo del prejuicio moral.

Por otro lado, acercarnos a alguien que se parece mucho a nosotros puede ser bastante aburrido. En cambio, si podes respetar las diferencias podes conocer otras realidades que no imaginabas que existían. Además empezar por generar un ambiente de respeto es primordial para que todos puedan animarse a expresarse tal como son. Si por el contrario, te sentís obligado a ser de cierta manera, eso te genera bastante incomodidad y no vas a poder abrirte a lo que puedan ofrecer los demás. 

Por eso, la apertura para aceptar las diferencias supone valentía. Implica admitir que cada persona es única y especial. Es mirar al otro tal como es. Y esa es justamente la clave para ser reconocido por el otro y para tener una vida saludable, tolerante y respetada.

Rafael Beltrán

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